12

La cansina lucha de los “anti-niños”

Esta mañana me he despertado con un artículo de opinión de un periodista (supongo, porque la verdad es que no le conozco) en el que contaba lo poco que le gustan los niños, lo que molestan, lo insoportable de las conversaciones de los padres, lo que le joroba que solo se hable de conciliación familiar… bla bla bla. Vamos, lo de siempre.

 

etc-682613_1280

 

Y sí, es que es algo muy cansino. Ya he leído y oído mil veces los mismos argumentos. Está repe amigos, basta de contarnos lo mismo. A ustedes les cansan los niños, y a mi lo que nos cuentan ustedes sobre este tema una y otra vez. Lamento decirles que aquí no hay debate posible, solo un hecho: los niños son personas, con unas características determinadas, al igual que los ancianos, adolescentes o treintañeros. Así que por muchos artículos repetitivos de opinión sobre ellos que escriban, existen y seguirán existiendo. Que no les gustan, no los tengan. Pero tendrán que soportarlos cuando les toque, igual que hacen con los adolescentes o los ancianos (ah, claro, que hablar de soportar a un anciano no es políticamente correcto, pero de un niño sí, porque se ve que aún no ha adquirido su categoría de persona y no merece el mismo respeto). Para mi todos merecen respeto y mucho, por cierto, no se vaya a malinterpretar algo de lo que he escrito.

Lo dicho, que yo les recomendaría, desde mi humilde opinión, dedicar su tiempo a otra cosa en vez de a escribir sobre un tema tan manido, porque por mucho que escriban y protesten, los niños seguirán existiendo, y ustedes se seguirán aguantando. Los niños y por supuesto los idiotas de sus padres, con sus pesadas conversaciones que tan poco les importan (sí, eso he leído esta mañana… Está muy feo eso de insultar ¿eh?).

Que, ojo, a todos hay conversaciones que no nos importan nada, pero no andamos siempre quejándonos, pataleando y dándole tantas vueltas, que al final va a parecer que nos importa de verdad. Un adulto se aguanta y a otra cosa mariposa; además,así no se comportarían como esos niños que tan poco soportan.

Nota: ¿en serio las conversaciones de los padres son las únicas que escuchan y no les interesan? Yo les diría que escribiesen sobre las otras, porque este tema a estas alturas, de verdad que carece de originalidad y los que pasan a no interesar son ustedes. Antes sería cool pero ahora es cansino.

Nota 2: si quieren conciliación para leer, ir al cine o a jugar al mus, únanse a la lucha, nadie se lo impide. Cada uno que concilie con lo que quiera.

Generalmente esta no es la línea del blog, pero qué os voy a decir, es lunes y no he elegido una buena lectura para empezar la mañana.

Feliz día 😉

1

Nuestro viaje en avión #Stopniñofobia

children-159353_1280Ya hice una breve referencia a nuestro viaje a Berlín en Cómo integramos a los niños en la vida actual, pero ahora quiero sumarme al #Stopniñofobia relatando qué fue lo que ocurrió exactamente en el viaje de vuelta.

No es una gran historia porque lamentablemente es una historia común, casi diría que forma parte de lo cotidiano, pero me sentí realmente ofendida, porque fue de una manera tan directa, tan maleducada que hizo que me hirviese la sangre.

El año pasado decidimos hacer nuestro primer viaje al extranjero con la peque, que tenía por entonces 17 meses. Tengo que reconocer que me asustaba que el viaje en avión fuese un infierno, que fuese todo el rato llorando o protestando, pero apenas eran 3 horas de vuelo, así que llevamos cuentos, capítulos de Peppa Pig, juguetitos para entretenerla y mucha paciencia. Con esto quiero dejar constancia de que a los padres no nos gusta “molestar” a nadie, hacemos todo lo posible porque los peques estén tranquilos y entretenidos en un lugar donde hay otras personas. Pero los niños son niños. Y tengo tanto derecho a irme de viaje a Alemania con mi peque como el señor de al lado, el otro y el de más allá, porque he pagado mi billete. El que no quiera viajar con más gente tendrá que ahorrar para un jet privado. Yo, como de momento no he ahorrado suficiente, tengo que aguantarme si al de al lado le huelen los pies o si el que se queda dormido ronca.

Bueno… que me estoy encendiendo, voy al asunto. El viaje de ida fue sorprendente, la peque se portó increíble, aguantó sentada, nada de lloros, ni gritos, se entretuvo con las cositas que habíamos llevado y fue una maravilla. Además, tuvimos la suerte de que el asiento de al lado no iba ocupado, así que teníamos 3 asientos para nosotros. Pasamos unos días geniales en Berlín, pero todo lo bueno acaba y tocó volver. Cuando entramos en el avión vimos que esta vez sí llevábamos acompañante. Según fuimos a sentarnos con la peque, la chica que estaba ya sentada en su sitio nos miró con tal cara de asco que yo no daba crédito. Miró a mi peque, ¡MI PEQUE!, con desprecio, y con formas que rozan la mala educación nos dijo que iba a salir, así que nos levantamos para que saliese y vimos cómo muy directa fue a la primera azafata que encontró. La azafata le dijo que no podía cambiarse de sitio porque el avión iba lleno. Bueno, pues removió Roma con Santiago, tuvo a varios auxiliares de vuelo reunidos exclusivamente con ella durante un rato. Por los gestos, parecía que intentaban convencerla de que no se podía hacer un cambio de asiento. Y tras un buen rato, consiguió lo que quería. La sentaron en otro sitio.

A todo esto, mi peque aún no había dicho ni mu, de hecho el viaje de vuelta fue tan bueno como el de ida. Es más, se portó mejor aún porque hubo muchas turbulencias y buena parte del vuelo tuvimos que llevarla con el cinturón de seguridad puesto, y aguantó muy bien.

Intenté dejar de lado lo que había pasado y mirar lo positivo, porque gracias a esta chica tan simpática pudimos ir de nuevo los 3 solos, tan a gusto. Pero mentiría si no reconociese lo que me ofendió, o incluso dolió, que aquella mujer mirase con tal desprecio a mi peque (que además no había emitido ni medio sonido), como si estuviese entrando en el avión con un perro con la rabia.

Pero antes de despegar, la justicia divina, el universo o la casualidad actuaron. En el último momento, entró una mamá con un bebé pequeñito, de meses, y se sentó al lado de la chica. Ya no pude ver su cara, pero el bebé se pasó todo el viaje llorando y quejándose. Y yo, lo sé, lo sé, esto que voy a decir está fatal, pero me invadió una gran carcajada interna e incluso una malévola sonrisita afloró en mi cara 😉