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Madrileñeando: Un día en Patones

El fin de semana pasado, este del puente no porque los virus nos han dejado K.O, fuimos a pasar el día a Patones de arriba. Los que seáis de Madrid seguramente lo conozcáis o al menos os sonará, porque es un municipio muy conocido por su historia, ubicación y belleza.

 

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Patones está situado en una zona montañosa, en una ladera en la que el pueblo queda prácticamente oculto a la vista. Existe una leyenda que dice que los habitantes de la zona huyeron a esas montañas en tiempos de la ocupación musulmana, siendo una zona que nunca llegó a ser “ocupada”, y por lo tanto, en la que se mantuvieron las costumbres y creencias preexistentes. También se dice que fue una zona que nunca llegó a ser ocupada por los franceses, puesto que nunca supieron de su existencia, al estar oculto a la vista. Pero parece que se trata de leyendas. Lo que sí es cierto es que en Patones había Rey, sí, sí, el Rey de Patones. Se trataba de una especie de alcalde-juez de paz que se encargaba de gobernar e impartir justicia.

A mediados del siglo XX los habitantes de Patones decidieron trasladarse a una zona más llana y fundaron Patones de abajo, quedando Patones de arriba deshabitado. Sin embargo, la belleza de su enclave, de su arquitectura en pizarra (ejemplo de los que se conoce como arquitectura negra) y su increíble historia/leyenda lo han convertido en uno de los municipios más visitados de la Comunidad de Madrid.

 

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El acceso es complicado, por una estrechísima carretera de doble sentido, y aparcar en fin de semana tampoco es fácil, pero el lugar merece la pena. Como nosotros fuimos en un día medio lluvioso, tuvimos la suerte de poder pasear por el pueblo con poquita gente, y la verdad es que lo agradecimos, porque es pequeñito y lleno de gente habría perdido mucho encanto.

 

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Aparte de un paseo por el pueblo y sus estrechas calles, es recomendable tomar alguna de las rutas que salen desde allí para disfrutar del paisaje y el entorno. Nosotros con la peque caminamos un poquito por los alrededores del pueblo, pero se cansó rápido. Otra vez será. A pocos kilómetros del pueblo está la Ermita de la Virgen de la Oliva, de estilo románico-mudéjar. Y muy cerquita, en la zona más llana cercana a Patones de abajo, hay un yacimiento arqueológico con restos de un castro de origen prerromano.

 

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Nosotros, después de un breve paseo, nos metimos en uno de los restaurantes que hay a comer, porque se puso a diluviar. Así que ¿qué podíamos hacer? Pues comernos unos judiones y un solomillo, jejeje. Bueno, yo sustituí los judiones por un salmorejo, que para mi era demasiado. Y para bajar la comida otro paseito junto al arroyo, lavadero, puente… hasta las afueras, donde quedan restos de construcciones que en su momento estuvieron principalmente destinadas al ganado.

 

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Pasamos un día genial y a la peque le gustó mucho. Está muy cerquita de Madrid, a unos 60 km, y ofrece muchas posibilidades. Si vas con niños todavía pequeños, como es nuestro caso, es un lugar muy cómodo para hacer un plan interesante pero no demasiado cansado, porque el pueblo en sí es muy pequeñito y abarcable. Después tiene todas las alternativas que os he comentado más arriba: rutas, ermita, castro… etc. para ir adaptando el plan a cada uno.

Ya sabéis, si tenéis un día libre y no sabéis qué hacer, podéis hacer una visita a Patones.

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Madrileñeando “desde el cielo”: teleférico de Madrid

Vaya super plan hicimos el sábado. Subimos en el teleférico, dimos un paseo por la Casa de Campo y disfrutamos del tiempo primaveral que nos está regalando Enero. Y además terminamos el día con una pequeña aventurita y todo. Sábado completo, vamos.

 

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A punto de subir al teleférico por primera vez 🙂

 

Después de una semana bastante fría, pero normal para estas fechas, hemos vuelto a este “primer año sin invierno” como dijo el otro día un amigo mío (Julián, te robo la frase 😉 ). Aunque probablemente no sean tan buenas noticias, sino una consecuencia más que probable del famoso cambio climático, somos muy de “que nos quiten lo bailao” y estos días de solecito son de lo más agradable para disfrutar en nuestra ciudad.

Tengo que confesar algo, nunca había montado en el teleférico. Sus cabinas han pasado miles de veces por encima de mi cabeza y forman parte del paisaje de esta ciudad, pero nunca había subido. El sábado buscando un plan chulo al aire libre me acordé de repente, y la verdad es que fue una gran idea porque la peque alucinó. Estaba entusiasmada, era como si estuviese subiendo en la atracción más alucinante del mundo. Eso de que fuésemos todos en una cabina en movimiento, suspendidos en el aire y poder ver la ciudad desde arriba le encantó, iba como loca. Me gustó especialmente eso de ir solos en la cabina. Va un grupo por cabina, hasta si el grupo es de uno 🙂

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Sobrevolando el Manzanares, y al fondo la Almudena

 

Sobre la Casa de Campo

Sobre la Casa de Campo

 

Dejamos el coche en el Paseo del Pintor Rosales y compramos billete de ida y vuelta sin tener un plan muy claro, y todo salió muy bien porque después de sobrevolar el Manzanares, la ermita de San Antonio de la Florida, parte de la Casa de Campo y ver la catedral de la Almudena desde el aire, llegamos al destino más o menos a la hora de comer, y resulta que justo allí hay un restaurante-mirador con unas vistas preciosas. La comida es de batalla (bocadillos, pizzas, hamburguesas, nuggets…etc) y el restaurante por dentro bastante desbaratado y poco “apetecible” pero tiene una terraza muy agradable para los días soleados como el sábado, y como os digo, desde allí las vistas de Madrid merecen la pena.

 

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Terraza-mirador del teleférico

 

Vistas desde la terraza

Vistas desde la terraza

 

Después de comer dimos un paseo por la Casa de Campo. Hacía mucho que no paseaba por allí y había olvidado lo agradable que es… Nos encontramos además con una zona muy grande de columpios y la peque ya se volvió loca de la emoción. Teleférico, paseo por el campo y columpios, ¿qué puede haber mejor?

 

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Columpios y todo, plan completito para los peques

 

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Paseo por la Casa de Campo y nuestra clásica foto de sombras

 

Tras el paseo y la merienda de la peque sentados en una zona tipo merendero, nos dispusimos a volver para que no se hiciese muy tarde, y aquí empezó la aventurita con la que terminamos el día. Cuando llegamos a coger el teleférico nos encontramos con que ¡hacía 10 minutos que lo habían cerrado! Eran las 18:10… Atención a los horarios si os animáis con el plan para que no os pase lo que a nosotros. Yo no sé cómo había mirado los horarios pero está claro que mal porque estaba segura de que cerraban más tarde. Al chico del teleférico que nos informó, le debimos dar un poco de lastimita, allí tirados en la Casa de Campo con la peque, así que fue a avisar a un compañero. Por un momento creímos que iban a hacer una excepción porque el teleférico seguía en marcha… pero entonces el compañero llegó y muy amablemente nos dijo que bajando por la carretera llegaríamos al metro. Así que cogimos la carreterita y ale, para el metro…

 

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De vuelta… por este paisaje tan inglés

 

La peque se quedó con cara de decepción, porque estaba deseando volver a subir al teleférico, pero lo entendió. El paseo la verdad es que fue muy chulo, pero a mitad de camino la peque dijo que “hasta aquí hemos llegado”, hubo que cogerla en brazos y se quedó dormida… Vamos, que el papá de la criatura, que fue el que cargó con ella, aún se está acordando del paseo. Luego tocó metro y otro paseo hasta el coche. Si nos retrasamos un poco más, se nos hace de noche en la Casa de Campo, pero no hubo problema, con error y todo clavamos el horario 😉

Aquí tenéis los precios y los horarios (para que no os quedéis tirados :S ). A nosotros nos pareció un buen plan para hacer con niños y disfrutar del buen tiempo. Y después a la vuelta podéis dar un paseo por el Templo de Debod… pero bueno, eso ya lo dejo para otro día 😉