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Madrileñeando: una tarde en el Museo del Prado

Así de chulos somos nosotros. Aprovechando que en el cole de la peque están trabajando el tema de los pintores y el arte, nos hemos sacado un plan de la manga y hemos ido todos juntos al Museo del Prado. Que a veces no somos conscientes, pero tenemos una de las pinacotecas más importantes del mundo aquí a la vuelta de la esquina, así que habrá que ir de vez en cuando ¿no?

 

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Mi peque admirando la estatua de “Velázquer”, como ella dice, en la puerta del museo

 

Como fuimos con una niña de sólo 3 años contamos además con una ventaja, y es que las 2 horas gratuitas que ofrece el museo todos los días al final de la tarde nos resultaron más que suficientes. Tenéis toda la información sobre tarifas y horarios en la web del museo que podéis ver aquí.

En todo momento estoy hablando de la exposición permanente del museo. Aparte hay siempre exposiciones temporales, pero eso ya cuando corresponda. De momento queríamos hacer una pequeña toma de contacto, que la peque viese un museo por dentro y que pudiese ver algunos de los cuadros que la profe les ha enseñado en clase en vivo y en directo.

La experiencia estuvo genial. Lo pasamos muy bien y, como os digo, con esas 2 horas gratuitas tuvimos más que suficiente. De primeras fuimos directos a ver Las meninas de Velázquez, que es el cuadro que la peque tiene más controlado. Yo creo que alucinó al ver que era tan grande, y yo disfruté un montón viendo cómo reconocía a Velázquez en el cuadro y cómo me preguntaba cosas como quién es el que sale al fondo.

Luego fuimos a ver las obras más conocidas y menos “agresivas” para un niño, que con 3 años son aún muy impresionables, y no veo necesidad de enseñarle escenas desagradables (tan frecuentes en la pintura). Vimos Las tres gracias de Rubens, La familia de Carlos IV de Goya, Niños en la playa de Sorolla (perfecta para niños), El jardín de las delicias de El Bosco… en fin, de todo un poco. Y después nos pasamos por la tienda del museo, que tiene una sección de libros infantiles y compramos, por sólo  3€ un cuentecito con pegatinas sobre el museo. Imaginaos, la peque más que encantada con el paseo y con su cuento, que ayer llevó al cole para enseñárselo a sus compañeros.

 

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Cuento que se llevó la peque

 

Como extra dimos un paseíto por El Retiro, que está al lado y siempre apetece.

Si queréis hacer este plan con los peques os recomiendo no llegar muy al límite de la hora gratuita porque se forma bastante cola y aunque va bastante rápido, si te tiras un rato esperando para entrar al final las 2 horas se convierten en 1 hora y pico. Si vais con carrito creo que el acceso es preferente. De esto enteraos bien, no vayáis a estar esperando sin necesidad.

Para familias con niños de a partir de 8 años se ofrecen juegos de pistas con material didáctico para convertir el recorrido por el museo en un juego y motivar a los niños a participar.

A nosotros el plano del museo nos resultó muy útil, no sólo para orientarnos, sino también porque vienen señaladas algunas de las obras más famosas expuestas. Así que si vais, ya sabéis, lo primero, coger un planito.

Y por supuesto prohibidas las fotos dentro, que a una mujer que había a mi lado le echaron una buena bronca por hacer una foto a La maja vestida de Goya. Por eso este post va con pocas fotos… pero bueno…

Hasta aquí el Madrileñeando de hoy. Seguiremos recorriendo la ciudad y os seguiré contando 😉 A ver qué es lo próximo… 

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Madrileñeando: Un día en Patones

El fin de semana pasado, este del puente no porque los virus nos han dejado K.O, fuimos a pasar el día a Patones de arriba. Los que seáis de Madrid seguramente lo conozcáis o al menos os sonará, porque es un municipio muy conocido por su historia, ubicación y belleza.

 

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Patones está situado en una zona montañosa, en una ladera en la que el pueblo queda prácticamente oculto a la vista. Existe una leyenda que dice que los habitantes de la zona huyeron a esas montañas en tiempos de la ocupación musulmana, siendo una zona que nunca llegó a ser “ocupada”, y por lo tanto, en la que se mantuvieron las costumbres y creencias preexistentes. También se dice que fue una zona que nunca llegó a ser ocupada por los franceses, puesto que nunca supieron de su existencia, al estar oculto a la vista. Pero parece que se trata de leyendas. Lo que sí es cierto es que en Patones había Rey, sí, sí, el Rey de Patones. Se trataba de una especie de alcalde-juez de paz que se encargaba de gobernar e impartir justicia.

A mediados del siglo XX los habitantes de Patones decidieron trasladarse a una zona más llana y fundaron Patones de abajo, quedando Patones de arriba deshabitado. Sin embargo, la belleza de su enclave, de su arquitectura en pizarra (ejemplo de los que se conoce como arquitectura negra) y su increíble historia/leyenda lo han convertido en uno de los municipios más visitados de la Comunidad de Madrid.

 

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El acceso es complicado, por una estrechísima carretera de doble sentido, y aparcar en fin de semana tampoco es fácil, pero el lugar merece la pena. Como nosotros fuimos en un día medio lluvioso, tuvimos la suerte de poder pasear por el pueblo con poquita gente, y la verdad es que lo agradecimos, porque es pequeñito y lleno de gente habría perdido mucho encanto.

 

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Aparte de un paseo por el pueblo y sus estrechas calles, es recomendable tomar alguna de las rutas que salen desde allí para disfrutar del paisaje y el entorno. Nosotros con la peque caminamos un poquito por los alrededores del pueblo, pero se cansó rápido. Otra vez será. A pocos kilómetros del pueblo está la Ermita de la Virgen de la Oliva, de estilo románico-mudéjar. Y muy cerquita, en la zona más llana cercana a Patones de abajo, hay un yacimiento arqueológico con restos de un castro de origen prerromano.

 

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Nosotros, después de un breve paseo, nos metimos en uno de los restaurantes que hay a comer, porque se puso a diluviar. Así que ¿qué podíamos hacer? Pues comernos unos judiones y un solomillo, jejeje. Bueno, yo sustituí los judiones por un salmorejo, que para mi era demasiado. Y para bajar la comida otro paseito junto al arroyo, lavadero, puente… hasta las afueras, donde quedan restos de construcciones que en su momento estuvieron principalmente destinadas al ganado.

 

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Pasamos un día genial y a la peque le gustó mucho. Está muy cerquita de Madrid, a unos 60 km, y ofrece muchas posibilidades. Si vas con niños todavía pequeños, como es nuestro caso, es un lugar muy cómodo para hacer un plan interesante pero no demasiado cansado, porque el pueblo en sí es muy pequeñito y abarcable. Después tiene todas las alternativas que os he comentado más arriba: rutas, ermita, castro… etc. para ir adaptando el plan a cada uno.

Ya sabéis, si tenéis un día libre y no sabéis qué hacer, podéis hacer una visita a Patones.

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Madrileñeando: caballos, campo y parrilla en La Colina

Hemos aprovechado las vacaciones de Semana Santa para hacer planes en Madrid y alrededores, ya que este año no nos hemos animado a pasarlas en la costa, como hemos hecho otros años. Y uno de los planes más chulos de estos días ha sido pasar la mañana dando un paseo por el campo y comer en el Club Social La Colina. Un descubrimiento que hemos hecho gracias a unos amigos y un plan que seguro repetiremos, porque nos gustó mucho y está increíblemente cerca.

Se trata de un club hípico con restaurante que te permite dar un paseo por el campo, dar una vuelta a caballo y después comer en plan parrilla rico rico 😉 Eso sí, hay que saber que este lugar existe porque no es que esté visible precisamente. Hay que ir a propósito, así que espero estar descubriéndoos a muchos un sitio que no conocíais para hacer un plan diferente y además muy cerca, porque aunque parezca increíble ni siquiera tenéis que salir de Madrid. Está en la carretera de Fuencarral a El Pardo, junto al barrio de Montecarmelo. En la web tenéis explicaciones claras de cómo se llega, podéis pinchar aquí. Eso sí, preparaos para caminito off-road para llegar jejeje.

 

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Para que os hagáis una idea…

 

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¡Y mirad qué cerquita está!

 

Nosotros no nos animamos a dar una vuelta con los caballos porque íbamos con niños muy pequeños, pero puede ser un plan bastante chulo para cuando sean más mayores. Lo que hicimos fue dar un paseo por las cuadras, que eso a niños de 3 añitos ya les parece algo alucinante si no están acostumbrados. Poder ver a los caballos tan cerca, ver cómo les cepillan y les alimentan… en fin, que mi peque lleva 3 días cepillando con mi cepillo al caballo de playmobil, imaginad la desproporción, jejeje.

 

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Con prismáticos y todo para ver los caballos… Así es más “aventura”

 

Dimos un pequeño paseo por los alrededores de La Colina y después disfrutamos de una comida muy rica en la terraza. La verdad es que el entorno es muy agradable y sobre todo te permite tener la sensación de estar lejos, en un entorno rural, sin apenas haber recorrido unos kilómetros desde la zona urbana.

 

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No se ve pero ahí estaban cocinando a la parrilla… Mmmm. Y atención al detalle, con caballo y todo ¿eh?

 

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Terracita

 

Nos comentaron que cuando empieza el buen tiempo, ponen un castillo hinchable y alguna cosa más para que jueguen los niños, y en ocasiones organizan planes especiales con música en directo. El próximo sábado 9 de abril hay un brunch a las 12.

Aquí tenéis un vídeo de uno de esos planes con música en vivo, en este caso por la noche, para que os hagáis una idea:

Sin duda un plan muy agradable que repetiremos seguramente este verano, cuando esté el castillo hinchable (aunque a mi me dan un poco de pánico los castillos hinchables, pero bueno…) o quizá nos animemos con ese brunch ¿quién sabe? Recomendable para hacer algo diferente sin irse muy lejos de la ciudad.

¿Qué os parece?

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Madrileñeando “desde el cielo”: teleférico de Madrid

Vaya super plan hicimos el sábado. Subimos en el teleférico, dimos un paseo por la Casa de Campo y disfrutamos del tiempo primaveral que nos está regalando Enero. Y además terminamos el día con una pequeña aventurita y todo. Sábado completo, vamos.

 

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A punto de subir al teleférico por primera vez 🙂

 

Después de una semana bastante fría, pero normal para estas fechas, hemos vuelto a este “primer año sin invierno” como dijo el otro día un amigo mío (Julián, te robo la frase 😉 ). Aunque probablemente no sean tan buenas noticias, sino una consecuencia más que probable del famoso cambio climático, somos muy de “que nos quiten lo bailao” y estos días de solecito son de lo más agradable para disfrutar en nuestra ciudad.

Tengo que confesar algo, nunca había montado en el teleférico. Sus cabinas han pasado miles de veces por encima de mi cabeza y forman parte del paisaje de esta ciudad, pero nunca había subido. El sábado buscando un plan chulo al aire libre me acordé de repente, y la verdad es que fue una gran idea porque la peque alucinó. Estaba entusiasmada, era como si estuviese subiendo en la atracción más alucinante del mundo. Eso de que fuésemos todos en una cabina en movimiento, suspendidos en el aire y poder ver la ciudad desde arriba le encantó, iba como loca. Me gustó especialmente eso de ir solos en la cabina. Va un grupo por cabina, hasta si el grupo es de uno 🙂

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Sobrevolando el Manzanares, y al fondo la Almudena

 

Sobre la Casa de Campo

Sobre la Casa de Campo

 

Dejamos el coche en el Paseo del Pintor Rosales y compramos billete de ida y vuelta sin tener un plan muy claro, y todo salió muy bien porque después de sobrevolar el Manzanares, la ermita de San Antonio de la Florida, parte de la Casa de Campo y ver la catedral de la Almudena desde el aire, llegamos al destino más o menos a la hora de comer, y resulta que justo allí hay un restaurante-mirador con unas vistas preciosas. La comida es de batalla (bocadillos, pizzas, hamburguesas, nuggets…etc) y el restaurante por dentro bastante desbaratado y poco “apetecible” pero tiene una terraza muy agradable para los días soleados como el sábado, y como os digo, desde allí las vistas de Madrid merecen la pena.

 

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Terraza-mirador del teleférico

 

Vistas desde la terraza

Vistas desde la terraza

 

Después de comer dimos un paseo por la Casa de Campo. Hacía mucho que no paseaba por allí y había olvidado lo agradable que es… Nos encontramos además con una zona muy grande de columpios y la peque ya se volvió loca de la emoción. Teleférico, paseo por el campo y columpios, ¿qué puede haber mejor?

 

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Columpios y todo, plan completito para los peques

 

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Paseo por la Casa de Campo y nuestra clásica foto de sombras

 

Tras el paseo y la merienda de la peque sentados en una zona tipo merendero, nos dispusimos a volver para que no se hiciese muy tarde, y aquí empezó la aventurita con la que terminamos el día. Cuando llegamos a coger el teleférico nos encontramos con que ¡hacía 10 minutos que lo habían cerrado! Eran las 18:10… Atención a los horarios si os animáis con el plan para que no os pase lo que a nosotros. Yo no sé cómo había mirado los horarios pero está claro que mal porque estaba segura de que cerraban más tarde. Al chico del teleférico que nos informó, le debimos dar un poco de lastimita, allí tirados en la Casa de Campo con la peque, así que fue a avisar a un compañero. Por un momento creímos que iban a hacer una excepción porque el teleférico seguía en marcha… pero entonces el compañero llegó y muy amablemente nos dijo que bajando por la carretera llegaríamos al metro. Así que cogimos la carreterita y ale, para el metro…

 

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De vuelta… por este paisaje tan inglés

 

La peque se quedó con cara de decepción, porque estaba deseando volver a subir al teleférico, pero lo entendió. El paseo la verdad es que fue muy chulo, pero a mitad de camino la peque dijo que “hasta aquí hemos llegado”, hubo que cogerla en brazos y se quedó dormida… Vamos, que el papá de la criatura, que fue el que cargó con ella, aún se está acordando del paseo. Luego tocó metro y otro paseo hasta el coche. Si nos retrasamos un poco más, se nos hace de noche en la Casa de Campo, pero no hubo problema, con error y todo clavamos el horario 😉

Aquí tenéis los precios y los horarios (para que no os quedéis tirados :S ). A nosotros nos pareció un buen plan para hacer con niños y disfrutar del buen tiempo. Y después a la vuelta podéis dar un paseo por el Templo de Debod… pero bueno, eso ya lo dejo para otro día 😉

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Plan con niños para el fin de semana: un día en la granja

Los niños y los animales siempre han encajado bien. Sobre todo porque a los peques los animales les llaman muchísimo la atención y aprenden muchas cosas a través de ellos, sobre cómo funciona el mundo, sobre el respeto a la naturaleza, sobre la vida… Por eso, un fantástico plan para hacer con niños pequeños que viven lejos de la vida rural y de los animales, es ir con ellos a una granja, para que puedan conocer cómo funcionan las cosas allí y puedan ver de cerca a todos esos animales que conocen bien de los cuentos pero que probablemente no hayan visto en directo.

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El fin de semana pasado estuvimos en el pueblo de mis abuelos, o sea, bisabuelos de mi peque, en una reunión familiar. Era la primera vez que mi peque iba al pueblo y también su primer contacto “real” con la vida rural. Habíamos ido a la sierra, al campo a pasear (de hecho hasta hace unos meses hemos vivido en una zona alejada de la ciudad rodeada de campo), pero no había tenido contacto directo con una forma de vida de cara al campo y no a la ciudad. Y se lo pasó… no genial, increíble, más que increíble, no hay adjetivo para describir la intensidad con que vivió cada nueva experiencia. Conocía ya muchos animales gracias al fantástico día que pasamos en Faunia (ya conté nuestra experiencia en Un día en Faunia) pero el domingo pudo ver animales de granja de otra manera, de cerca, observarlos con más detenimiento. Estaba fascinada con las vacas, las gallinas, los perros y los gatos. ¡Y eso que tenemos gatos! Pero estábamos en un entorno para ella muy diferente, de mayor libertad, y eso hizo que disfrutase como una enana. Corrió como loca, se subió por las piedras, persiguió a las pobres gallinas y hasta se cayó en el gallinero… Aprendió nombres de hortalizas y de flores, y también aprendió a olerlas, aprendió a distinguir toro y vaca… Cuando la metimos en el coche cayó rendida. Segundo día que conseguimos agotarla, solo el día en Faunia fue de intensidad suficiente como para cansarla.

Huevos de granja

Si tenéis la posibilidad de hacer este plan con los peques porque “tenéis pueblo”, de verdad os lo recomiendo, sobre todo si son aún pequeñitos, porque lo disfrutan un montón, y vosotros disfrutaréis viéndoles desenvolverse con tanta naturalidad a pesar de estar creciendo en un entorno más urbano.

Y si no “tenéis pueblo” hay multitud de granjas-escuela que abren sus puertas también los fines de semana para que puedan asistir los papás con los peques.

Pollito

Estas son algunas de las mejor posicionadas en el área de Madrid, para que os hagáis una idea, pero solo hay que echar un vistazo en internet y elegir la que más os guste:

Si alguien se anima y este fin de semana decide llevar a los peques a una granja (o similar) sus comentarios serán bienvenidos. Y si es un plan que ya habéis hecho ¿qué les pareció a vuestros peques? ¿disfrutaron tanto como la mía?

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Un día en Faunia

Este sábado pasamos el día en Faunia y la verdad es que pasamos un día supeIMG-20150329-WA0019_faunia_200r bueno. Yo no estaba segura de si la peque no se iba a aburrir un poco al cabo de un rato, pero me ha sorprendido lo bien que se lo pasó y cómo disfrutó con sólo 2 años. Y es que el parque está muy bien organizado y pensado para que los más pequeños disfruten al máximo. Los animales pueden verse desde muy cerquita y eso les permite ser más conscientes de lo que están viendo. Es un fantástico plan para pasar el día con niños y poder disfrutar todos. También para los padres resulta muy interesante, ya que Faunia reproduce diferentes ecosistemas como la selva amazónica o el bosque africano, entre otros, en los que viven animales autóctonos de muy diversas zonas del planeta. Muy recomendable.

El parque tiene itinerarios recomendados para los niños en función de su edad. El recomendado para niños de 0 a 7 años, por ejemplo, pasa por “La granja” y “El nido”. En “La granja” pueden ver de cerca ovejas, cabras, cerdos o ponys, e incluso darles de comer; y en “El nido” pueden ver cómo los pollitos salen del huevo con gran esfuerzo para convertirse después en unos bonitos pollitos amarillos. Les encanta porque tienen la oportunidad de ver en directo animales que ya conocen muy bien de la tele y los cuentos, y la verdad es que alucinan.

Pueden ver además canguros, pingüinos, cocodrilos, todo tipo de aves, mariposas, monos, leones marinos… y otros muchos animales que les dejan con la boca abierta. En nuestro caso los pingüinos y los cocodrilos fueron de los que más emoción y sorpresa causaron. De hecho, los pingüinos tuvimos que volver a verlos porque mi peque estaba emocionada, y la verdad es que no me extraña porque estaban en un espacio adecuado para ellos que reproducía su entorno y podías ver a través de un cristal cómo bucean a gran velocidad y cómo les alimentan.

Hay también exhibiciones y charlas didácticas que sobre todo pueden resultar muy interesantes para niños un poquito más mayores. Y también existe la posibilidad de interacción con algunos animales que tienes que contratar a parte, eso sí, como un baño con osos marinos, alimentar a los cocodrilos o la experiencia con manatíes.

En cuanto a la comida, dentro del parque hay un restaurante, una hamburguesería, varios kioskos de comida rápida y algún puesto de helados y refrescos. Además hay áreas habilitadas para comer por si quieres llevar tu propia comida.

Nosotros comimos en la hamburguesería, donde además había microondas para calentar la comida de los niños más pequeños, así que nos apañamos bastante bien. Eso sí, hay que tener en cuenta que casi todo el mundo va con niños y a partir de las 13 horas los sitios para comer se ponen hasta arriba.

Otra cosa que nos vino muy bien fueron los coches/carrito que puedes alquilar en la entrada. Son pequeños coches con volante y todo y con un manillar que maneja el padre o adulto que vaya con el niño. Así si el niño aún es pequeño para un paseo tan largo (porque te pegas al final una buena caminata) o si se cansa, como fue nuestro caso, puedes alquilar uno de estos coches y el peque irá la mar de contento en su coche con volante.

La verdad es que pasamos un día muy bueno en el que disfrutamos todos muchísimo. Es un buen plan para disfrutar incluso con niños bastante pequeños. Desde luego con 2 años nuestra peque lo vivió al máximo. Eso sí, acaban agotados, por primera vez en la vida conseguimos cansar a nuestra niña. Normal porque además del paseo (el parque tiene 14 hectáreas) fueron muchas emociones y muchos estímulos.

En definitiva un plan muy recomendable que más adelante volveremos a repetir.