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9 preciosas playas de Cantabria (con niños)

¡Lo sé! Estaréis hartos de oírme hablar de nuestras vacaciones en Cantabria, sobre todo los que sigan el blog a través de las redes sociales, pero no hay intención de daros envidia, ¿eh? (además, ya estamos de vuelta :_( ) solamente quiero compartir con vosotros nuestra experiencia y daros información útil a aquellos que vayáis a ir por tierras cántabras estas vacaciones. Quizá incluso algunos estáis indecisos todavía con el destino de vuestras vacaciones y esto os da un empujoncito.

Si os gusta la playa, en Cantabria tenéis unas playas alucinantes para disfrutar. Auténticas preciosidades de la naturaleza y con opciones para todos los gustos. Para los que prefieren estar cerca de un núcleo de población por comodidad, los que quieren disfrutar de la playa desde el chiringuito cerveza en mano o para los que quieren alejarse del mundo y disfrutar del mar y de la belleza del entorno.

Por supuesto me estoy dejando muchas playas. Aquí hago un repaso de las que hemos visitado este verano, que han sido unas cuantas, con recomendaciones para ir con niños, para que ellos puedan disfrutar, pero teniendo en cuenta también su comodidad y seguridad:

1. Playa de El Sardinero (Santander)

El Sardinero se encuentra en la ciudad de Santander y se extiende desde la Península de la Magdalena hasta Mataleñas. Cuenta con 4 playas que en la bajamar se unen formando una única playa de casi 2 kilómetros. Esas playas son El Sardinero I y II, La Concha y El Camello. Siendo El Sardinero I la más conocida.

 

El Sardinero

Playa de El Sardinero I

 

Se trata de una playa muy extensa y ancha. Con la bajamar queda mucho espacio para pasear (algo además muy típico allí) y se forman pequeñas piscinas entre las rocas que quedan al descubierto en las que los más pequeños se lo pasan genial buscando pececitos y cangrejos. Son lugares muy buenos para pegar un chapuzoncito a los bebés. Por supuesto cuenta con socorristas y todo tipo de servicios.

 

El Sardinero 2

Playa de El Sardinero I con Mataleñas al fondo

 

Se trata de una playa de muy fácil acceso y muy familiar. Es muy habitual jugar a las palas y se van formando de manera espontánea áreas para la práctica de este deporte. Esto a los niños un poco más mayores les encanta. Por los alrededores hay multitud de lugares para comer o tomar algo. Recomiendo los helados de Regma, que tiene un puestecito al lado de la playa y están que ni os imagináis.

Es una playa bastante concurrida, sobre todo en julio y agosto, pero no por ello pierde brillo la belleza de su enclave.

2. Playa de los Bikinis (Santander)

Dentro del recinto del Palacio de la Magdalena, en uno de los extremos de El Sardinero, encontramos la playa de los Bikinis.

 

playa de los bikinis

Playa de los Bikinis en el Palacio de la Magdalena

 

Se trata de una playa tranquila, con un oleaje más suave que otras playas del Cantábrico porque está más protegida, así que es muy cómoda para ir con niños. Es muy frecuentada por gente joven y cuenta con la peculiaridad de que hasta el inicio de la arena de la playa lo que encontramos es césped, perteneciente al recinto del palacio. Es muy cómodo para aquellos a los que les gusta tomar el sol junto al mar pero odian la arena.

Junto a la playa hay una gran explanada con columpios para niños y algún puesto de refrescos y helados.

Cuenta con servicio de vigilancia.

3. Playa de los Barcos (Isla)

En toda la zona de Isla-playas (muy importante tomar la dirección “playas” puesto que el centro del pueblo de Isla es más interior) hay varias playas muy bonitas, pero sin duda me quedo con la playa de los Barcos.

 

Playa de Isla

Playa de los Barcos en Isla con la marea baja

 

Se trata de una playa muy peculiar por el lugar en el que se encuentra, y eso hace que tenga ventajas e inconvenientes. El principal inconveniente es que se trata de una playita muy pequeña cuando la marea está alta. Pero cuando está baja, además de encontrarse en un enclave espectacular, se trata de una playa perfecta para ir con niños, ya que es muy tranquila, con oleaje muy suave, casi no cubre y tiene un montón de rocas que quedan al descubierto en las que les encanta jugar.

No tiene socorrista, porque se trata de una playa pequeñita.

Si la marea está alta puede optarse por las playas más cercanas (solo a unos metros) como la de El Sable.

Muy importante: cuando la marea baja la playa de los Barcos se une con la de Ris (Noja) que está justo en frente. Si se cruza andando hay que estar muy pendiente de la marea porque más de uno se ha quedado tirado en Noja.

4. Playa de Ris (Noja)

Justo en frente de la de los Barcos, pero en el municipio de Noja. Merece la pena verla con la marea alta y después verla bajar. Es increíble cómo queda al descubierto toda una playa que se une con la de Isla. El enclave es precioso.

 

Playa de Ris mejor

Playa de Ris

 

Se encuentra junto a la población de Noja, pero el entorno se ha respetado bastante, por encontrarse en el Parque Natural de las Marismas de Victoria, Santoña y Joyel.

Es una playa de fácil acceso, de oleaje suave y amplia, por lo que resulta cómoda para ir con niños. Cuenta con equipo de vigilancia.

5. Playa de Tregandín (Noja)

Se trata de una playa muy extensa y muy ancha. Parte de ella está junto a las edificaciones de Noja, pero se extiende hacia la derecha a lo largo de 3 km y medio, lo que la hace apta tanto para los que prefieren estar cerca de un núcleo urbano como para los amantes de la tranquilidad.

 

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Playa de Tregandín

 

Se encuentra también en el Parque Natural de las Marismas de Victoria, Santoña y Joyel, y salvo el área más cercano a Noja, su entorno ha sido muy respetado. Para muchos es una de las playas más bonitas de Cantabria y en ella es fácil combinar en un mismo plan la posibilidad de estar en una playa tranquila, con poca gente y en un entorno realmente bonito, y a la vez adecuada para ir con niños, ya que el oleaje es bastante suave para el Cantábrico, es muy amplia y de fácil acceso.

Tiene servicio de vigilancia.

6. Playa de Valdearenas (Liencres)

Para muchos LA PLAYA por excelencia. Se encuentra en el Parque Natural de las Dunas de Liencres, en un entorno de una belleza insuperable.

 

Playa de Liencres 1

Playa de Valdearenas

 

El acceso es a través de un inmenso pinar que desemboca en la playa y sus dunas. Tiene más de 2 km de largo y llega hasta la desembocadura del río Pas.

 

Playa de Liencres 3

Playa de Valdearenas desde otra perspectiva

 

Se trata de una playa ventosa y de fuerte oleaje, lo que puede ser un inconveniente para ir con niños, pero hay una zona al principio de la playa que se encuentra entre rocas donde las olas son suaves y que está además al lado de la zona de socorristas, así que es un muy buen lugar para que los niños se bañen y jueguen. Otra opción es caminar hasta la desembocadura del río, donde el agua es muy tranquila. Es una área nudista, muy tranquila y con poco viento, pero no cuenta con socorrista.

 

Playa de Liencres 2

Dunas en la playa de Valdearenas

 

Aunque sea únicamente para dar un paseo por ella, merece la pena conocer esta playa, famosa además por sus puestas de sol.

En el acceso principal de la playa hay un restaurante.

7. Playa La Salvé (Laredo)

Es una de las playas más extensas de Cantabria. Se encuentra en Laredo, típico pueblo de vacaciones, por lo que la ocupación es alta, aunque al ser muy ancha la sensación siempre es de espacio.

 

Playa La Salvé 2

En la playa de La Salvé en Laredo

 

Es una playa muy familiar, con muchos servicios y de fácil acceso, por lo tanto cómoda para ir con niños, aunque es muy ventosa.

8. Playa de Berria (Santoña)

Se encuentra en Santoña en una zona semiurbana, en un entorno incomparable. Extensa y ancha es una de esas playas de postal. Es ventosa pero el oleaje es intermedio y tiene todos los servicios, y por supuesto, socorrista.

 

Playa de Berria 1

Playa de Berria

 

Es de las playas más visitadas de Cantabria, y una muy buena opción si se desea estar en una playa espectacular pero a la vez cómoda y adecuada para los niños.

9. Playa de Langre

Espectacular playa entre acantilados “a la irlandesa”. Está en la localidad de Langre pero no está en una zona urbanizada, sino en un entorno totalmente aislado.

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Playa de Langre

 

No es la mejor playa para ir con niños porque es ventosa y el oleaje es fuerte con muchas corrientes. Además el acceso, aunque no es imposible, es más complicado que en otras playas (a través de una escalera empinada). Sin embargo, recomiendo sin ninguna duda acercarse a verla porque de verdad merece mucho la pena contemplar ese paisaje.

Cuenta con equipo de vigilancia.

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Playa de Langre desde otra perspectiva

 

 

Hasta aquí el repaso de las playas de Cantabria que hemos visitado este verano. Nos han quedado muchas por ver, seguro que muchas que merecen mucho la pena, porque la verdad es que Cantabria tiene unas playas que son alucinantes. Pero esas para la próxima vez.

Como siempre, bienvenidos son los comentarios, y si queréis añadir más playitas a este pequeño listado, pues mejor que mejor.

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Unos días junto al mar: sus beneficios

playaQué tendrá el mar que solo con estar cerca de él se perciben sus efectos beneficiosos en nosotros y en los peques. No estoy hablando de los beneficios de bañarse en su agua ni de los beneficios de estar al aire libre y que tu piel reciba unos rayitos de sol (por supuesto con protección y con mucho cuidado). Hablo del simple hecho de pasar unos días junto al mar cuando procedes de algún lugar lejos de la costa.

Hemos pasado tres días en la playa aprovechando un fin de semana largo y el buen tiempo que está haciendo, y la verdad es que ha sido un gran plan. Hemos podido mojarnos un poquito y la peque incluso se ha bañado, ya sabéis que los niños no tienen nunca frío. Hemos dado largos paseos junto a la playa, la peque ha jugado y corrido por la arena… Ha estado feliz y decía la palabra “playa” casi en cada frase.

El caso es que lo hemos pasado muy bien, hemos descansado y desconectado. Estos ya son tres importante efectos beneficiosos pero creo que más que derivar del hecho de estar cerca del mar tienen que ver con estar de “vacaciones”. ¿A qué me refiero entonces cuando hablo de beneficios de estar tan solo tres días junto al mar más allá de lo que es sabido por todos? Bueno, pues me refiero a cosas tan increíbles como que mi peque vuelve con las piernas más gorditas. Sí, sí, así es y esto que estoy diciendo no es ninguna locura. Mi peque no es de mucho comer, come de todo pero se despista con nada, es muy lenta, nunca le apetece… y además es tirando a menudita de complexión, así que como imaginaréis esto me trae por el camino de la amargura (es algo que a las madres nos viene de serie). Ya el verano pasado en la playa notamos que mejoró mucho con el tema de la comida, pero es que esta vez solo llevábamos un día allí cuando dijo algo que no había dicho jamás: “mamá, tengo mucha hambre”. Y no solo ha comido mejor sino que su cuerpo lo ha notado y vuelve un poquito más “redondita”, y yo pues estoy encantada, para qué os voy a mentir.

Segunda cosa que mi peque nos dijo en estos días de playa que jamás había dicho: “papá, tengo sueño”. ¡Tengo sueño! Para nosotros sí que era un sueño oír salir estas palabras de su boca. Es verdad que como os contaba en Dificultad para conciliar el sueño (II): el milagro, llevamos un tiempo en que la peque se duerme bastante rápido pero es que estos días además ha dormido totalmente del tirón, y eso que algún día se había echado hasta alguna pequeña cabezadita por la tarde.

Y creemos que ha dormido mejor por otro tercer beneficio derivado directamente de estar cerca del mar, mi peque respiraba mejor. Siempre respira regular por la nariz porque tiene vegetaciones, y aunque nos han dicho que según vaya creciendo irá mejorando, la verdad es que algunas noches nos da hasta un poquito de agobio y no nos extraña que se despierte y no se encuentre a gusto. Y estos días en la playa ha respirado significativamente mejor, no perfectamente, pero probablemente el nivel de humedad más elevado hacía que sus fosas nasales estuviesen algo más despejadas.

Así que, ya está decidido, no sabemos si haremos algún otro plan de otro tipo, pero este verano pasaremos seguro unos días cerca del mar, porque nos lo hemos pasado muy bien, la peque lo ha disfrutado muchísimo, pero es que además le ha sentado muy muy bien. A respirar todos un poquito de aire marino 😉

 

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Acercándonos al inglés a través de la música ¡con Disney!

DisneyEn ¿Dibujos en inglés? exponía mis dudas sobre la utilidad de poner a los niños pequeñitos la televisión en inglés, y también sobre hablarles en inglés en casa cuando en realidad no se vive en un ambiente bilingüe.

También comentaba en este post que habíamos observado que la música era la forma más natural que habíamos encontrado para acercar a la peque a otra lengua (el inglés, claro).

Pues me reafirmo en lo dicho. Estamos comprando la colección de Disney English de El País y la peque no solamente está encantada, sino que repite a su manera (que la verdad es que está bastante bien) lo que oye en las canciones. Y aunque de momento no sabe muy bien qué significan la mayor parte de cosas, de vez en cuando te dice “how are you”, “what´s your name” o “great day”, además de “hello”, “goodbye” o “high five”, expresiones que ya sabe perfectamente utilizar.

Las canciones la verdad es que están fenomenal, tienen musicalidad, cosa que es de agradecer porque a menudo esto se olvida en canciones didácticas, y repiten expresiones y palabras sencillas y muy básicas. A mi peque, como además le encanta la música, se las estamos poniendo todos los días a petición suya. Tanto los DVD´s, en que las canciones están acompañadas de imágenes de Disney, como los CD´s. Además, incluyen juegos y breves conversaciones en las que se emplean las expresiones y el vocabulario de las canciones. Cada fascículo incluye también un libro con ejercicios y pegatinas. De momento nosotros a estas cosas no le estamos sacando partido porque la niña aún es pequeña, pero están también muy bien.

Seguiremos por este camino de introducir el inglés en la vida de la peque a través de la música, porque al menos en su caso nos está pareciendo una introducción muy natural y poco forzada, y desde luego esta colección nos está pareciendo una buenísima herramienta para ello. Aún quedan bastantes números, creo que todos los domingos hasta agosto más o menos, así que si alguien se anima, nosotros desde luego la recomendamos.

Para que veáis, estoy escribiendo esto a ritmo de “I like blue, blue, blue, I like red, red, red…” mientras mi peque danza alrededor de la mesa al ritmo de la música diciendo “blue, blue, blue!!!!” 🙂

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El postparto: una etapa sobre la que no se habla

mamá pinkNos preparamos para el parto, para la crianza del bebé, todo el mundo nos habla de lo poco que dormiremos cuando nazca el pequeñajo o lo duro que es ser padre, pero a mí nadie me había preparado para el postparto. Estaba preparada para que fuese una etapa difícil por dormir poco, la adaptación del niño, los inicios de la lactancia… pero nadie me había hablado de lo dura que puede ser esa etapa para muchas mujeres, física y mentalmente.

Mi sensación tras dar a luz fue la siguiente: era como si me hubiesen sometido a una operación y tras la anestesia, en lugar de descansar y recuperarme, me hubiesen puesto de pie con unos tristes analgésicos como remedio y me hubiesen obligado a permanecer despierta y caminando por la habitación toda la noche. Desde ese día ya no volvimos a dormir más de diez minutos seguidos en al menos un mes (y seguramente me esté quedando corta).

Tuve la mala suerte de sufrir una episotomía (si se le puede llamar así) de escándalo, así que los primeros quince días apenas era capaz de levantarme del sofá. Sentía un dolor tremendo y el peso de la culpa por no poder levantarme para ocuparme de la peque de manera más activa. Por las noches me sentía triste, el “baby blues”, me dijo la ginecóloga, que se me pasaría en poco tiempo. A los dos o tres días, ya no lo recuerdo bien, de estar en casa, empecé además a sentirme muy mareada y me dio fiebre, resulta que era la subida de la leche. En el tema de la lactancia no voy a profundizar, ya conté mi experiencia en “Cuando la lactancia no funciona”, solo comentaré que no fue nada fácil. A los quince días ya era capaz de subir las escaleras de una en una y dar pequeños paseos, además ya podía sentarme (hasta entonces solo tumbarme) gracias a un cojín con forma de donut (con un agujero en el centro, vamos). Pero seguíamos sin haber descansado absolutamente nada y mi marido no daba abasto tendiendo ropita por los radiadores, esterilizando chupetes y “carricocheando” a la peque para que no llorase.

Afortunadamente todo pasa, y aunque el primer mes de mi peque fue de los más largos de mi vida, después casi te olvidas de cómo fueron esos primeros momentos. Y por supuesto, como habréis oído mil veces, merece la pena. Esto para que los que estén planeando ser padres no se desanimen y que a los que estén a punto no les entre el pánico. Pero es cierto que el postparto es una época complicada para las madres, y pocas veces se nos habla de ella con claridad. Es una etapa de “reajustes”, físicos, hormonales y también en tu vida. Creo que es importante llegar mentalmente preparada a ese momento y que tenemos que ser un poco más comprensivas con nosotras mismas y darnos tiempo para recuperarnos, porque en ocasiones, sobre todo si has tenido un parto complicado o si se te complica el tema de la lactancia, puede ser una época difícil y agotadora, y muchas madres además llegan a sentirse culpables por no estar viviéndola con la felicidad e inmensa satisfacción que se presupone.

Vamos chicas, que las portadas del “Hola” son mentira, la semana pasada vi a la mujer del Príncipe Guillermo de Inglaterra saliendo estupenda del hospital diez horas después de haber dado a luz. Ya os digo yo que “las que salen en las revistas” deben dar a luz de manera virtual porque siento mucho deciros que la realidad, salvo algunos casos, no es así…

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Esas personas tan importantes… Los Abuelos

abueloHe tenido la suerte de conocer a mis cuatro abuelos y tengo la suerte de tener todavía una abuela, aunque ya no es la que fue… Ahora que ya “soy mayor”, que he sido madre y veo a mi peque con sus abuelos, echo mucho de menos a los míos. Un montón de recuerdos que tenía almacenados brotan desde lo más profundo de mi memoria. Y es que la relación que se tiene con los abuelos es muy especial. Soy consciente cuando les veo juntos. La peque para ellos es un aliciente como ningún otro, están felices desde que llegó. Mi madre, por ejemplo, juega con ella, canta, hace cosas que nunca habría imaginado sin importarle si hay gente mirándola o no. Y la peque les adora, es cariñosa con ellos, diría que más que con ninguna otra persona, son un pilar muy importante para ella además de “papáymamá”, como nos llama. Y no me extraña porque son un pozo de paciencia, siempre están dispuestos a jugar, a tirarse al suelo, y por supuesto, le dan todos los caprichos del mundo.

Pero es que además, qué importantes son los abuelos también para nosotros, los padres. Para nosotros también son un pilar fundamental. Y es que, al fin y al cabo, son nuestros padres. Siempre dispuestos a echar una mano, nos permiten tener de vez en cuando un respiro quedándose con la peque. Son nuestro colchón de emergencia si necesitamos que alguien la cuide porque tenemos que ir al médico o porque se ha puesto mala y necesitamos que alguien esté con ella. Son nuestro vademécum y el libro de crianza que al final más consultamos.

Aunque muchas veces nos saquen de quicio, sus consejos siempre, o casi siempre, son bienvenidos, porque la experiencia es un grado, pero sobre todo porque a nadie que te de un consejo le importas tanto como a ellos.

Debería haber un Día del Abuelo ¿no creéis?

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A todos mis abuelos.

A mi abuela P. Gracias por todas tus herencias, las mejores y las peores (porque ser bajita tampoco está tan mal), como tú siempre has dicho: “pues hija, quién a lo suyo se parece honra merece”.

A mi abuelo E. por su alegría, chispa y creatividad.

A mi abuela C. por su vitalidad, fortaleza e independencia.

A mi abuelo F. por ser mi compañero de juegos y por el batido de los recreos 😉

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Nuestro viaje en avión #Stopniñofobia

children-159353_1280Ya hice una breve referencia a nuestro viaje a Berlín en Cómo integramos a los niños en la vida actual, pero ahora quiero sumarme al #Stopniñofobia relatando qué fue lo que ocurrió exactamente en el viaje de vuelta.

No es una gran historia porque lamentablemente es una historia común, casi diría que forma parte de lo cotidiano, pero me sentí realmente ofendida, porque fue de una manera tan directa, tan maleducada que hizo que me hirviese la sangre.

El año pasado decidimos hacer nuestro primer viaje al extranjero con la peque, que tenía por entonces 17 meses. Tengo que reconocer que me asustaba que el viaje en avión fuese un infierno, que fuese todo el rato llorando o protestando, pero apenas eran 3 horas de vuelo, así que llevamos cuentos, capítulos de Peppa Pig, juguetitos para entretenerla y mucha paciencia. Con esto quiero dejar constancia de que a los padres no nos gusta “molestar” a nadie, hacemos todo lo posible porque los peques estén tranquilos y entretenidos en un lugar donde hay otras personas. Pero los niños son niños. Y tengo tanto derecho a irme de viaje a Alemania con mi peque como el señor de al lado, el otro y el de más allá, porque he pagado mi billete. El que no quiera viajar con más gente tendrá que ahorrar para un jet privado. Yo, como de momento no he ahorrado suficiente, tengo que aguantarme si al de al lado le huelen los pies o si el que se queda dormido ronca.

Bueno… que me estoy encendiendo, voy al asunto. El viaje de ida fue sorprendente, la peque se portó increíble, aguantó sentada, nada de lloros, ni gritos, se entretuvo con las cositas que habíamos llevado y fue una maravilla. Además, tuvimos la suerte de que el asiento de al lado no iba ocupado, así que teníamos 3 asientos para nosotros. Pasamos unos días geniales en Berlín, pero todo lo bueno acaba y tocó volver. Cuando entramos en el avión vimos que esta vez sí llevábamos acompañante. Según fuimos a sentarnos con la peque, la chica que estaba ya sentada en su sitio nos miró con tal cara de asco que yo no daba crédito. Miró a mi peque, ¡MI PEQUE!, con desprecio, y con formas que rozan la mala educación nos dijo que iba a salir, así que nos levantamos para que saliese y vimos cómo muy directa fue a la primera azafata que encontró. La azafata le dijo que no podía cambiarse de sitio porque el avión iba lleno. Bueno, pues removió Roma con Santiago, tuvo a varios auxiliares de vuelo reunidos exclusivamente con ella durante un rato. Por los gestos, parecía que intentaban convencerla de que no se podía hacer un cambio de asiento. Y tras un buen rato, consiguió lo que quería. La sentaron en otro sitio.

A todo esto, mi peque aún no había dicho ni mu, de hecho el viaje de vuelta fue tan bueno como el de ida. Es más, se portó mejor aún porque hubo muchas turbulencias y buena parte del vuelo tuvimos que llevarla con el cinturón de seguridad puesto, y aguantó muy bien.

Intenté dejar de lado lo que había pasado y mirar lo positivo, porque gracias a esta chica tan simpática pudimos ir de nuevo los 3 solos, tan a gusto. Pero mentiría si no reconociese lo que me ofendió, o incluso dolió, que aquella mujer mirase con tal desprecio a mi peque (que además no había emitido ni medio sonido), como si estuviese entrando en el avión con un perro con la rabia.

Pero antes de despegar, la justicia divina, el universo o la casualidad actuaron. En el último momento, entró una mamá con un bebé pequeñito, de meses, y se sentó al lado de la chica. Ya no pude ver su cara, pero el bebé se pasó todo el viaje llorando y quejándose. Y yo, lo sé, lo sé, esto que voy a decir está fatal, pero me invadió una gran carcajada interna e incluso una malévola sonrisita afloró en mi cara 😉

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Dificultad para conciliar el sueño (II): el milagro

moon-478982_1280La verdad es que me da miedo decirlo en alto, no vaya a ser que se gafe, pero supongo que escribirlo no es lo mismo. Sí, como podéis leer, el milagro ha ocurrido, después de 2 años y 4 meses mi peque está durmiéndose cada noche en un tiempo medio de entre 10 y 30 minutos, con un record de 7 minutos los últimos 2 días. ¡7 minutos! Y ha empezado a ocurrir así, de repente. Bueno, de repente no, hemos introducido un pequeñísimo cambio en su rutina a la hora de irse a la cama, pero ha sido de pura casualidad.

En Semana Santa fuimos a pasar unos días a la playa y como cada noche el papá de la criatura se iba con ella a su habitación para acompañarla hasta que se quedaba dormida al cabo de 1 hora o 1 hora y pico. Como contaba en “Dificultad para conciliar el sueño: nuestra experiencia”, hemos probado mil fórmulas diferentes y ahora el punto en el que estamos es en el de acompañarla solamente. Ya no necesita de nuestra intervención (cogerla en brazos, mover la cuna), pero hasta la introducción de ese pequeño cambio que ahora desvelaré, ha seguido teniendo mucha dificultad para conciliar el sueño de manera tranquila y en un tiempo razonable (que se supone que debería ser de unos 15 o 30 minutos como mucho).

Como aún duerme en cuna, la manera de hacerle compañía ha sido siempre en una silla a su lado o bien sentado/a en el suelo. Y aquí es donde viene la gran clave del asunto. En el apartamento de la playa, al lado de la cuna hay una cama, y el segundo día, el papá, harto de estar allí sentado esperando a que la peque se durmiese, decidió tumbarse en la cama, y la peque a los pocos minutos se quedó dormida. ¿Casualidad? Pues después comprobamos que no. Al día siguiente repetimos la operación, y la peque a los 20-30 minutos se quedó dormida. Así que hemos seguido haciendo lo mismo cada día. En casa, en lugar de en una cama  “el acompañante” se tiene que tumbar en una colchoneta, pero funciona igualmente. La peque se va además muy contenta a la cama, dice: “papá, tú aquí”, apaga la luz y está muy tranquila hasta que se queda dormida. Los últimos días hemos alucinado porque solo ha tardado 7 minutos en dormirse. Esto no había ocurrido jamás en la vida. Casi lloramos de emoción, jejeje, tenemos tanto tiempo que podemos ver hasta más de un capítulo de la serie con la que estamos ahora, tenemos tiempo para hablar, estamos cenando a horas normales… qué diferencia. Y qué gusto también ver que ella se queda dormida de forma tranquila.

Ahora solo esperamos que no se pase el efecto milagroso de nuestro descubrimiento y esta conducta se afiance, que realmente vaya aprendiendo a relajarse y dormirse sin necesidad de ayuda. Supongo que este pequeño matiz en la forma de ayudar a mi peque a dormirse para ella es muy importante porque le hace sentir más seguridad. Para otros niños probablemente se trataría de un cambio sin importancia, vamos, a nosotros ni se nos había ocurrido, pero lo que está claro es que nunca se sabe, así que si alguno está en una situación similar, no pierde nada por probar a tumbarse en lugar de permanecer incorporado al lado de la cuna/cama. Para nosotros, después de 2 años y pico con problemas para conciliar el sueño, este “pequeño cambio” ha sido un “grandísimo cambio”. Os seguiré contando…

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Todos al Malakids!

foto malakidsEste va a ser un post cortito ya que se trata sobre todo de una recomendación. Este fin de semana se celebra en el Barrio de Malasaña, en Madrid, el Festival Urbano para Familias, Malakids!

No quería esperar a escribir sobre este festival porque mañana es el último día. Malakids! 2015 se celebra los días 24, 25 y 26 de abril, y después de haber participado hoy en él me parecía que tenía que recomendar a los papás que estén mañana por Madrid que se acerquen aunque sea a echar un vistazo porque seguro que algo interesante encuentran tanto para ellos como para sus peques.

Hay talleres, cuentacuentos, pintacaras, juegos en la calle… y muchas más actividades. Aconsejo mirar el programa porque hay diferentes espacios en los que se desarrolla el festival, además conviene conocer los horarios y qué actividades son gratuitas y cuales no. En este enlace podéis acceder al programa: http://issuu.com/kideoo

Especialmente interesante me ha parecido el Malakids! Market, un mercadillo con creaciones para los más pequeños de la casa: ropa, complementos, regalos, juegos, cuentos…etc. Además, allí también encontraréis actividades y talleres para niños y padres. La visita al Malakids! Market tiene un valor añadido y es que el mercadillo está ubicado en la Planta Jardín de la Lasede del COAM (Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid). El  edificio es el resultado de la remodelación de las antiguas Escuelas Pías de San Antón de la calle Hortaleza y la verdad es que es muy interesante a nivel arquitectónico.

Nosotros nos hemos venido a casa con una bonita corona de Mimuselina que tiene a mi peque feliz 🙂

Espero haberos dado una buena idea para pasar parte del domingo con los peques, y que a los que vayáis os guste 🙂

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Cómo integramos a los niños en la vida actual

niñoAyer estuve de compras en una conocida tienda sueca con mi peque y mi hermana. No tengo intención de hacer publicidad del sitio, pero allí tuve una reflexión sobre algo que nos afecta a los padres y a los niños. Y es que, aparte de que lo que viésemos en la tienda nos gustase o no, el paseo fue fundamentalmente agradable y FACIL. Y lo pongo en mayúsculas porque cuando vas con un niño de menos de…digamos 7 años, a menudo no es fácil hacer muchas cosas que en sí no tienen mucha complicación, simplemente no hay mucha gente consciente de que en el mundo hay niños y no te facilitan actividades muy cotidianas.

Bueno, pues voy a empezar por el principio para que entendáis cuál fue mi reflexión. Cuando llegamos al sitio encontramos varios tipos de carros todos con asiento para niños, así que pude subir a mi peque en uno y así no tener que llevar carrito ni a ella llevarla arrastrando por el pasillo porque se cansa o se aburre. Cuando tuve necesidad de cambiarla, encontré cambiador de niños además de un baño adaptado para ellos. Teníamos muchas cosas que mirar así que echamos allí buena parte del día, y cuando llegó la hora de su comida pude calentar la que llevaba de casa en un pequeño espacio del restaurante en el que había microondas además de platos de colores, vasos y servilletas. Justo al lado encontré las tronas y pudimos dar la comida a la peque tan a gusto. Continuamos el paseo y cuando nos tocó comer a “las mayores” pude ver que además del menú para los adultos había menú infantil, potitos y más alimentos pensados para los más pequeños. Nos sentamos en una mesa al lado de la “zona de niños”, un área habilitada para ellos con juguetes y juegos, y comimos tan a gusto mientras la peque se lo pasaba pipa con otros niños jugando a las “cocinitas”. En definitiva, los adultos pudimos hacer lo que íbamos a hacer y la peque además no solo no se aburrió sino que se lo pasó tan bien, y para mí la verdad que fue mucho más fácil que en otras ocasiones.

Fui entonces consciente de la cantidad de veces que hemos entrado en un restaurante y nos han recibido con un resoplido al ver el carrito de la niña, de las veces que he visto malas caras en el transporte público o incluso en el supermercado si la peque hace un poco de ruido o habla un poco alto. Incluso cuando este verano cogimos un avión para irnos de vacaciones la chica del asiento de al lado pidió que la cambiaran de sitio nada más vernos con la niña. Y, por supuesto, he oído muchas veces que es que hay sitios a los que no se puede ir con niños, pero esos sitios son restaurantes o lugares de viaje… no están hablando de no llevarles a un cabaret.

Vamos, que parece que a menudo los niños molestan. Pero como digo no es que molesten en la biblioteca, sino en lugares muy cotidianos. Y me pregunto si los demás no tendrán o habrán tenido niños, y por qué hay tan poca empatía con este asunto. Va a sonar a tópico, pero ellos son el futuro y son nuestra responsabilidad como sociedad. Además, si un restaurante, por poner un ejemplo, le da unos lápices al niño que va con sus padres, no solo está ganando esos clientes sino que ese niño molestará mucho menos al resto.

ikeaEl caso es que esto no es así en todas partes, como pude ver ayer en esta conocida tienda sueca, como pude ver cuando viajé a Noruega hace unos años, o como te cuenta mucha gente que viaja o vive en países del norte de Europa. En estos lugares, se asume con mayor naturalidad que los niños también forman parte del mundo. Por eso, es muy habitual que se piense en ellos en las cafeterías, en los comercios o en los medios de transporte. Se asume que también va a haber niños y en lugar de dejarlos de lado se les integra, facilitando mucho las cosas además a los padres.

Afortunadamente las cosas poquito a poco van cambiando y cada vez hay más restaurantes con tronas, más sitios en los que unos padres pueden tomarse un café mientras su peque se entretiene con unos lápices que le han regalado, o mientras juguetea en una mesa con sillitas a su medida, más baños adaptados a los peques, más cambiadores y más autobuses con asiento para niños.

Pero aún queda mucho camino, hoy sin ir más lejos, en el supermercado hemos tenido que luchar literalmente por uno de los pocos carritos que había con asiento para niños. Y los que no lo han experimentado no se imaginan qué gran diferencia hay entre hacer la compra con un angelito que va sentado en el carro y hacerla con un bichejo colmado de curiosidad en un sitio lleno de cosas nuevas para él.

 

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Cuando la lactancia materna no funciona

baby-21167_1280 (1)Esta semana una amiga me ha preguntado por mi experiencia con la lactancia materna, así que he decidido contar en el blog cómo fue, porque otras mamás lo habrán vivido de manera similar y seguro que saber que otras hemos pasado por una situación parecida les hace sentirse al menos un poquito mejor.

Soy totalmente consciente de que la mejor forma de alimentar a un bebé es a través de la lactancia materna. Cuando nació mi peque elegí esta forma de alimentarla porque me parece la opción más adecuada, la más natural. En fin, que así estamos programados y diseñados, por algo será, eso está claro. Además, están sobradamente estudiados sus beneficios tanto para el niño como para la propia madre.

Pero a veces incluso la naturaleza falla, a veces hay cosas que no funcionan, y no podemos empeñarnos en que no sea así. Y digo esto con total conocimiento de causa, porque es un tema con el que sufrí bastante. Ya en las clases de preparación al parto la idea clarísima que nos transmitió la matrona es que la lactancia materna siempre funciona (salvo casos muy raros), y que por tanto hay que insistir aunque al principio la cosa parezca difícil, porque al final siempre es posible instaurarla de manera correcta.

Actualmente además recibes muchísima información, a través de internet, de la televisión, sobre la importancia de la lactancia materna. Y todo esto me parece fenomenal. Vaya, que si tengo otro hijo volveré a elegir la lactancia materna para alimentarle. Pero creo sinceramente que la buena intención de concienciar a los padres de la importancia de esta forma de alimentación, nos ha llevado a no tratar de la manera adecuada los problemas con los que algunas madres nos encontramos al intentar dar el pecho a nuestro bebé. Esta concienciación además no solo debería estar dirigida a los padres sino a la sociedad en general, porque luego tienes que andar escondiéndote para alimentar a tu bebé, pero eso es otra cuestión sobre la que me gustaría escribir otro día.

Mi visión sobre este tema obviamente es totalmente subjetiva, supongo que otras personas lo habrán vivido de manera diferente. Pero mi experiencia fue bastante negativa y estoy convencida de que otras madres han pasado por situaciones similares, y por eso quería contarlo. Cuando empecé a dar el pecho a mi peque la cosa iba bastante bien. Con las dificultades iniciales sobre las que ya te han prevenido, pero parecía que todo funcionaba. Pero de repente algo se torció, empecé a sentir un dolor que no soy capaz de describir en cada toma y durante un buen rato después. Las tomas empezaron a ser cada vez más frecuentes, la peque no estaba a gusto, lloraba cuando la ponía al pecho y el dolor era cada vez más intenso e insoportable. Fui varias veces al médico para comentarlo, pero no tenía grietas ni mastitis así que me aconsejaban seguir. Fui entonces a otro médico y a la consulta de ayuda a la lactancia del hospital en que dí a luz. Pero nadie me hacía ni caso, me decían que “era así”, que además tendría el “baby blues”, y que tenía que seguir dando el pecho a la niña porque era lo mejor. Además, una vez que había subido la leche, si quería dejarlo tenía que tomar un medicamento con unas contraindicaciones para temblar.

Yo quería darle el pecho a mi peque, pero no podía más. Lloré mucho, de dolor y de impotencia, porque tenía la sensación de que solo yo podía alimentarla (puesto que me aconsejaron también que no le diese biberón porque entonces ya no iba a querer el pecho). Supongo que el hecho de que fuese mi primer hijo también influyó, ya que te sientes de alguna manera desbordada por todas las cosas nuevas que te están ocurriendo, por la responsabilidad… Ahora no me pasaría lo mismo porque actuaría con más seguridad, pero por entonces era un mar de dudas.

Y de repente un día sin más la pediatra de la peque me pregunta que qué tal la lactancia y cuando le cuento cómo va la cosa, me dice que eso no puede ser así, que no me tiene que doler, quizá molestar pero no doler. Y automáticamente llama a una enfermera para que coja una muestra de la leche. Y unos días después nos enteramos de que tengo una infección que provoca ese dolor y además algo de obstrucción (por eso la peque lloraba al succionar, porque no salía suficiente). A partir de aquí, siguiendo los consejos de la pediatra, hicimos lactancia mixta y pudimos mantenerla durante unos meses. Y mi peque y yo fuimos otras, porque dejamos de sufrir ambas cuando tocaba comer.

Como he dicho, si tengo otro hijo, volveré a elegir la lactancia materna para alimentarle. Pero me gustaría encontrarme en este caso con profesionales que traten el tema con coherencia. La lactancia materna es importantísima, pero si no está funcionando correctamente deben ayudarte de la manera adecuada para tu caso, y si en un momento dado hay que suspenderla, pues habrá que suspenderla.

También me encantaría encontrarme con más comprensión por parte de mucha gente. Sí, sí, lo sé, la lactancia materna es muy importante. Ya me hubiera gustado a mi haber podido estar más tiempo dándole el pecho a mi peque, pero no funcionó bien, y no porque no lo intentase sino porque a veces las cosas no salen bien. Creo que muchas agradeceríamos un poco de empatía con la experiencia que pueda tener cada madre.