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Niños y gatos

trucoytaraSe me ocurrió escribir este post ayer por la noche después de ver a mi peque tumbándose al lado de uno de mis gatos, acariciándole y hablándole con una dulzura increíble mientras él ronroneaba.

Sé que el tema de las mascotas y los niños es bastante polémico porque hay gente que puede tener cierto reparo con temas como la higiene o el contagio de enfermedades. De hecho cuando me quedé embarazada varias personas me dijeron que tenía que deshacerme de “mis chicos”.

Tengo 2 gatitos, o más bien gatazos, ambos adoptados y ambos adorables a más no poder. Desde que llegaron nunca hemos vuelto a entrar en una casa vacía, entramos en un hogar. Nos dan cariño, nos hacen compañía, nos divierten con sus juegos… ¿Alguien sabe lo relajante que es acariciar a un gato ronroneante? Pues algunos estudios han demostrado que acariciar a un gato disminuye la presión arterial.

Por supuesto al quedarme embarazada me informé sobre la famosa toxoplasmosis y su contagio, y tanto mi ginecóloga como el veterinario me tranquilizaron indicándome que sólo debía tomar las medidas adecuadas. Casi todas estaban orientadas a mi alimentación y a la de mis gatos, a mi propia higiene y a otras actividades que ni hubiera imaginado como por ejemplo la jardinería. Para que un animal, un gato en este caso, se contagie de toxoplasmosis tiene que haber comido carne de un animal infectado o bebido agua infectada, por lo que un gato que solo se alimenta con comida seca (bolitas), bebe agua potable y no sale de casa, no puede infectarse. Las veterinarias de la Clínica Gattos, especialistas en estos felinos, lo explican con detalle en su web.

Una vez que nació mi hija el temor de muchos era que pudiesen atacarla. Nuestros “chicos” han crecido con nosotros, están acostumbrados al contacto y disfrutan de él y también de la presencia de los seres humanos, y cuando no quieren migas con nosotros simplemente se van. Jamás han mostrado la mínima señal de agresividad con nadie, y con la peque menos, de hecho han desarrollado una paciencia a prueba de bombas y cuando ella les incordia demasiado simplemente se van a otro sitio.

Y en cuanto a la posibilidad de transmisión de enfermedades, si tienes a tus gatos bien cuidados, con sus vacunas puestas, sus revisiones hechas… la posibilidad de que transmitan una enfermedad es minimísima, pero encima a un humano, prácticamente nula. Aún recuerdo cuando el Jefe de Pediatría del hospital en que nació mi peque nos dijo que en toda la carrera de medicina la referencia a las enfermedades contagiadas de animales a humanos (sin ingesta de su carne) era así, e hizo un gesto marcando aproximadamente un centímetro con el índice y el pulgar.

Dejando entonces todas estas posibles dudas o miedos atrás, me pongo entonces a valorar los beneficios. Y a parte de decir que es que queremos a nuestros gatos y nos gusta tenerlos con nosotros igual que antes de ser padres, pues me encanta ver a mi peque contándoles cada pequeño logro en su día o enseñándoles cada dibujo que hace, me encanta ver la paciencia que tienen con ella, cómo se dejan acariciar incluso cuando las caricias son un poco “desordenadas” e intensas, me gusta ver cómo cada vez que nos vamos lo último que ella hace es despedirse de ellos y la primero al llegar a casa es ir a saludarles… Me gusta además la idea de que aprenda a respetar a los animales desde pequeñita, y a ser responsable con ellos (ya se interesa por su comida y su agua). Y además hay una cosa que poca gente conoce, y es que hay estudios que han demostrado que la convivencia con mascotas reduce el riesgo de alergias en los niños, así que mira otro beneficio más.

En definitiva para mí el hecho de tener gatos no ha supuesto ningún problema ni durante el embarazo ni con la niña, al contrario, nuestra experiencia en lo que se refiere a la convivencia con la peque está siendo muy buena y nos está aportando a todos muchas cosas positivas. Vamos que estamos encantados con nuestra peque y “nuestros chicos”.