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Unos días junto al mar: sus beneficios

playaQué tendrá el mar que solo con estar cerca de él se perciben sus efectos beneficiosos en nosotros y en los peques. No estoy hablando de los beneficios de bañarse en su agua ni de los beneficios de estar al aire libre y que tu piel reciba unos rayitos de sol (por supuesto con protección y con mucho cuidado). Hablo del simple hecho de pasar unos días junto al mar cuando procedes de algún lugar lejos de la costa.

Hemos pasado tres días en la playa aprovechando un fin de semana largo y el buen tiempo que está haciendo, y la verdad es que ha sido un gran plan. Hemos podido mojarnos un poquito y la peque incluso se ha bañado, ya sabéis que los niños no tienen nunca frío. Hemos dado largos paseos junto a la playa, la peque ha jugado y corrido por la arena… Ha estado feliz y decía la palabra “playa” casi en cada frase.

El caso es que lo hemos pasado muy bien, hemos descansado y desconectado. Estos ya son tres importante efectos beneficiosos pero creo que más que derivar del hecho de estar cerca del mar tienen que ver con estar de “vacaciones”. ¿A qué me refiero entonces cuando hablo de beneficios de estar tan solo tres días junto al mar más allá de lo que es sabido por todos? Bueno, pues me refiero a cosas tan increíbles como que mi peque vuelve con las piernas más gorditas. Sí, sí, así es y esto que estoy diciendo no es ninguna locura. Mi peque no es de mucho comer, come de todo pero se despista con nada, es muy lenta, nunca le apetece… y además es tirando a menudita de complexión, así que como imaginaréis esto me trae por el camino de la amargura (es algo que a las madres nos viene de serie). Ya el verano pasado en la playa notamos que mejoró mucho con el tema de la comida, pero es que esta vez solo llevábamos un día allí cuando dijo algo que no había dicho jamás: “mamá, tengo mucha hambre”. Y no solo ha comido mejor sino que su cuerpo lo ha notado y vuelve un poquito más “redondita”, y yo pues estoy encantada, para qué os voy a mentir.

Segunda cosa que mi peque nos dijo en estos días de playa que jamás había dicho: “papá, tengo sueño”. ¡Tengo sueño! Para nosotros sí que era un sueño oír salir estas palabras de su boca. Es verdad que como os contaba en Dificultad para conciliar el sueño (II): el milagro, llevamos un tiempo en que la peque se duerme bastante rápido pero es que estos días además ha dormido totalmente del tirón, y eso que algún día se había echado hasta alguna pequeña cabezadita por la tarde.

Y creemos que ha dormido mejor por otro tercer beneficio derivado directamente de estar cerca del mar, mi peque respiraba mejor. Siempre respira regular por la nariz porque tiene vegetaciones, y aunque nos han dicho que según vaya creciendo irá mejorando, la verdad es que algunas noches nos da hasta un poquito de agobio y no nos extraña que se despierte y no se encuentre a gusto. Y estos días en la playa ha respirado significativamente mejor, no perfectamente, pero probablemente el nivel de humedad más elevado hacía que sus fosas nasales estuviesen algo más despejadas.

Así que, ya está decidido, no sabemos si haremos algún otro plan de otro tipo, pero este verano pasaremos seguro unos días cerca del mar, porque nos lo hemos pasado muy bien, la peque lo ha disfrutado muchísimo, pero es que además le ha sentado muy muy bien. A respirar todos un poquito de aire marino 😉

 

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Mi niño no me come, mi niño no me duerme

Llegué a plachild-289284_1280ntearme el título de este post como título del blog. Así de desesperada he llegado a estar a veces con estos aspectos que tan de cabeza nos traen a los padres desde siempre, la comida y el sueño. A las mamás sobre todo la comida, es algo que nos viene de serie, cuando no tienes hijos y ves a las madres preocupadas hablando entre ellas de lo mal que comen sus hijos ves clarísimo que eso no te va a pasar a ti, pero sí, allí estás tú años después preocupada por lo mismo. Y si eso se junta con que tu hijo tiene dificultades para conciliar el sueño o con que se despierta muchas veces a lo largo de la noche, tu experiencia de la maternidad puede estar acompañada por el estrés resultante de combinar la tensión de ver que tu hijo no quiere comer con la falta de sueño. Afortunadamente si algo he aprendido en estos últimos dos años es que con los niños todo va por etapas, y las cosas igual que vienen, se van. Así que aunque tu hijo no sea buen comedor o tenga algunas dificultades con el sueño siempre tendrá etapas mejores y peores, por tanto disfrutad de las mejores y cuando lleguen las peores pensad que pasarán. Al final todos terminamos comiendo y durmiendo medianamente bien, así que habrá que suponer que ellos también lo harán. Esto lo escribo en un momento en el que mi peque está comiendo increíblemente bien, pero en temas de sueño… hemos dado bastantes pasos para atrás desde hace unas semanas. Solo nos queda recordar lo fabulosas que fueron las navidades en ese sentido y pensar que esta etapa pasará y quizá cuando queramos darnos cuenta habremos entrado en una fase de nuevo buena. Ánimo a los papás que andan enredados en estos pequeños “problemillas” que pueden llegar a ser una fuente de tensión y un quebradero de cabeza. Volveré sin duda más adelante sobre estas cuestiones tan importantes y que tanto nos afectan,  pero de momento quería dar el pistoletazo de salida a este blog y no veía mejor manera de hacerlo que hablando de aquello que nos ha hecho sentirnos hasta ahora más al borde del precipicio en nuestra aventura como padres, la comida y el sueño.