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Cuando la lactancia materna no funciona

baby-21167_1280 (1)Esta semana una amiga me ha preguntado por mi experiencia con la lactancia materna, así que he decidido contar en el blog cómo fue, porque otras mamás lo habrán vivido de manera similar y seguro que saber que otras hemos pasado por una situación parecida les hace sentirse al menos un poquito mejor.

Soy totalmente consciente de que la mejor forma de alimentar a un bebé es a través de la lactancia materna. Cuando nació mi peque elegí esta forma de alimentarla porque me parece la opción más adecuada, la más natural. En fin, que así estamos programados y diseñados, por algo será, eso está claro. Además, están sobradamente estudiados sus beneficios tanto para el niño como para la propia madre.

Pero a veces incluso la naturaleza falla, a veces hay cosas que no funcionan, y no podemos empeñarnos en que no sea así. Y digo esto con total conocimiento de causa, porque es un tema con el que sufrí bastante. Ya en las clases de preparación al parto la idea clarísima que nos transmitió la matrona es que la lactancia materna siempre funciona (salvo casos muy raros), y que por tanto hay que insistir aunque al principio la cosa parezca difícil, porque al final siempre es posible instaurarla de manera correcta.

Actualmente además recibes muchísima información, a través de internet, de la televisión, sobre la importancia de la lactancia materna. Y todo esto me parece fenomenal. Vaya, que si tengo otro hijo volveré a elegir la lactancia materna para alimentarle. Pero creo sinceramente que la buena intención de concienciar a los padres de la importancia de esta forma de alimentación, nos ha llevado a no tratar de la manera adecuada los problemas con los que algunas madres nos encontramos al intentar dar el pecho a nuestro bebé. Esta concienciación además no solo debería estar dirigida a los padres sino a la sociedad en general, porque luego tienes que andar escondiéndote para alimentar a tu bebé, pero eso es otra cuestión sobre la que me gustaría escribir otro día.

Mi visión sobre este tema obviamente es totalmente subjetiva, supongo que otras personas lo habrán vivido de manera diferente. Pero mi experiencia fue bastante negativa y estoy convencida de que otras madres han pasado por situaciones similares, y por eso quería contarlo. Cuando empecé a dar el pecho a mi peque la cosa iba bastante bien. Con las dificultades iniciales sobre las que ya te han prevenido, pero parecía que todo funcionaba. Pero de repente algo se torció, empecé a sentir un dolor que no soy capaz de describir en cada toma y durante un buen rato después. Las tomas empezaron a ser cada vez más frecuentes, la peque no estaba a gusto, lloraba cuando la ponía al pecho y el dolor era cada vez más intenso e insoportable. Fui varias veces al médico para comentarlo, pero no tenía grietas ni mastitis así que me aconsejaban seguir. Fui entonces a otro médico y a la consulta de ayuda a la lactancia del hospital en que dí a luz. Pero nadie me hacía ni caso, me decían que “era así”, que además tendría el “baby blues”, y que tenía que seguir dando el pecho a la niña porque era lo mejor. Además, una vez que había subido la leche, si quería dejarlo tenía que tomar un medicamento con unas contraindicaciones para temblar.

Yo quería darle el pecho a mi peque, pero no podía más. Lloré mucho, de dolor y de impotencia, porque tenía la sensación de que solo yo podía alimentarla (puesto que me aconsejaron también que no le diese biberón porque entonces ya no iba a querer el pecho). Supongo que el hecho de que fuese mi primer hijo también influyó, ya que te sientes de alguna manera desbordada por todas las cosas nuevas que te están ocurriendo, por la responsabilidad… Ahora no me pasaría lo mismo porque actuaría con más seguridad, pero por entonces era un mar de dudas.

Y de repente un día sin más la pediatra de la peque me pregunta que qué tal la lactancia y cuando le cuento cómo va la cosa, me dice que eso no puede ser así, que no me tiene que doler, quizá molestar pero no doler. Y automáticamente llama a una enfermera para que coja una muestra de la leche. Y unos días después nos enteramos de que tengo una infección que provoca ese dolor y además algo de obstrucción (por eso la peque lloraba al succionar, porque no salía suficiente). A partir de aquí, siguiendo los consejos de la pediatra, hicimos lactancia mixta y pudimos mantenerla durante unos meses. Y mi peque y yo fuimos otras, porque dejamos de sufrir ambas cuando tocaba comer.

Como he dicho, si tengo otro hijo, volveré a elegir la lactancia materna para alimentarle. Pero me gustaría encontrarme en este caso con profesionales que traten el tema con coherencia. La lactancia materna es importantísima, pero si no está funcionando correctamente deben ayudarte de la manera adecuada para tu caso, y si en un momento dado hay que suspenderla, pues habrá que suspenderla.

También me encantaría encontrarme con más comprensión por parte de mucha gente. Sí, sí, lo sé, la lactancia materna es muy importante. Ya me hubiera gustado a mi haber podido estar más tiempo dándole el pecho a mi peque, pero no funcionó bien, y no porque no lo intentase sino porque a veces las cosas no salen bien. Creo que muchas agradeceríamos un poco de empatía con la experiencia que pueda tener cada madre.

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Mi niño no me come, mi niño no me duerme

Llegué a plachild-289284_1280ntearme el título de este post como título del blog. Así de desesperada he llegado a estar a veces con estos aspectos que tan de cabeza nos traen a los padres desde siempre, la comida y el sueño. A las mamás sobre todo la comida, es algo que nos viene de serie, cuando no tienes hijos y ves a las madres preocupadas hablando entre ellas de lo mal que comen sus hijos ves clarísimo que eso no te va a pasar a ti, pero sí, allí estás tú años después preocupada por lo mismo. Y si eso se junta con que tu hijo tiene dificultades para conciliar el sueño o con que se despierta muchas veces a lo largo de la noche, tu experiencia de la maternidad puede estar acompañada por el estrés resultante de combinar la tensión de ver que tu hijo no quiere comer con la falta de sueño. Afortunadamente si algo he aprendido en estos últimos dos años es que con los niños todo va por etapas, y las cosas igual que vienen, se van. Así que aunque tu hijo no sea buen comedor o tenga algunas dificultades con el sueño siempre tendrá etapas mejores y peores, por tanto disfrutad de las mejores y cuando lleguen las peores pensad que pasarán. Al final todos terminamos comiendo y durmiendo medianamente bien, así que habrá que suponer que ellos también lo harán. Esto lo escribo en un momento en el que mi peque está comiendo increíblemente bien, pero en temas de sueño… hemos dado bastantes pasos para atrás desde hace unas semanas. Solo nos queda recordar lo fabulosas que fueron las navidades en ese sentido y pensar que esta etapa pasará y quizá cuando queramos darnos cuenta habremos entrado en una fase de nuevo buena. Ánimo a los papás que andan enredados en estos pequeños “problemillas” que pueden llegar a ser una fuente de tensión y un quebradero de cabeza. Volveré sin duda más adelante sobre estas cuestiones tan importantes y que tanto nos afectan,  pero de momento quería dar el pistoletazo de salida a este blog y no veía mejor manera de hacerlo que hablando de aquello que nos ha hecho sentirnos hasta ahora más al borde del precipicio en nuestra aventura como padres, la comida y el sueño.