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La importancia de los médicos amables

 

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Llevo mucho tiempo hablando de este tema con mi marido, pero hasta ahora no se me había ocurrido tratarlo en el blog. Últimamente cada vez que nos ha tocado ir a algún médico que no es de nuestros habituales (pediatra, ginecólogo…) nos encontramos de forma bastante frecuente a médicos que nos miran escasas veces a lo largo de la consulta, que se limitan a escribir en su ordenador y a seguir lo que dicen las pruebas exclusivamente, olvidándose de lo que los síntomas o experiencias del paciente pueden revelar.

No sé muy bien si durante la carrera de Medicina se trata con mucho énfasis lo relacionado con el trato con los pacientes. Si hay algún médico en la sala me encantaría saberlo. Quiero pensar que la razón de esa falta de empatía, relativamente frecuente, tiene que ver con que es una parte un poco olvidada dentro de la ciencia de la Medicina.

El uso de ordenadores y la existencia de más y mejores pruebas tampoco ayuda en esta cuestión. Antes los médicos tenían que basarse en lo que el paciente les contaba para llegar a un diagnóstico. Es genial que cada vez la medicina esté más avanzada y que cada vez las pruebas de diagnóstico sean más precisas, pero no pueden olvidarse de la persona que tienen en frente. Seguro que la mayor parte de las veces lo que tenemos que contarle al médico no tiene mucha trascendencia, pero muchas veces sí y podría serles de gran ayuda.

Antes decía que era algo que observábamos últimamente, porque médicos bordes y amables han existido siempre (como en todas las profesiones), pero es que ahora se ha unido la nueva categoría de los “robóticos”. Ya os digo, que se limitan a analizar y diagnosticar. Oiga… que estoy aquí delante, no hable de mí en tercera persona.

Afortunadamente hay profesionales de la medicina de esos que hacen que salgas de su consulta agradecido y reconfortado. No porque te hayan dicho lo que quieres oír (que eso es lo más importante, por supuesto), sino porque te han mirado a los ojos mientras hablaban, han empatizado contigo y tus preocupaciones, te han escuchado y lo han tenido en cuenta, y lo más importante, te han explicado las cosas sin despacharte.

Qué importantes son esos médicos amables.

Espero no echarme a todo el sector de la Medicina encima con esto que voy a decir, pero es que nosotros lo hemos comentado más de una vez. Cuando llevamos a nuestros gatos al veterinario, sentimos que empatizan más con nosotros que la mitad de veces que vamos a algún médico. Nos dedican tiempo, el que corresponda, intentan que los propios gatos estén tranquilos… vamos, que le ponen un poco de alma…

Sé que hay miles de factores que se nos escapan, como lo agotados que deben estar, que tienen citas programadas cada diez minutos, que lo importante es que el que tengas delante sea un buen profesional, un buen diagnóstico, y no que se hagan tus amigos. Por supuesto, pero yo sólo digo que es importante no olvidar que los que van a las consultas son personas, y a veces personas preocupadas o que no se sienten bien y que necesitan un poco de empatía por parte de aquellos en cuyas manos, de alguna manera, ponen sus vidas.

Aunque parezca que este post es una queja, no lo es. Sí que reivindica que la parte humana se tenga más en cuenta, porque muchas veces se está dejando de lado. Pero en realidad está dedicado a esos médicos que sí te miran a la cara, que sí te escuchan, que sí te explican y te sonríen. Este post es sobre la importancia de los médicos amables, porque ellos sí se han dado cuenta de que son el elemento que conecta la ciencia de la Medicina con las personas y son conscientes de lo importante que es eso. 

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La cansina lucha de los “anti-niños”

Esta mañana me he despertado con un artículo de opinión de un periodista (supongo, porque la verdad es que no le conozco) en el que contaba lo poco que le gustan los niños, lo que molestan, lo insoportable de las conversaciones de los padres, lo que le joroba que solo se hable de conciliación familiar… bla bla bla. Vamos, lo de siempre.

 

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Y sí, es que es algo muy cansino. Ya he leído y oído mil veces los mismos argumentos. Está repe amigos, basta de contarnos lo mismo. A ustedes les cansan los niños, y a mi lo que nos cuentan ustedes sobre este tema una y otra vez. Lamento decirles que aquí no hay debate posible, solo un hecho: los niños son personas, con unas características determinadas, al igual que los ancianos, adolescentes o treintañeros. Así que por muchos artículos repetitivos de opinión sobre ellos que escriban, existen y seguirán existiendo. Que no les gustan, no los tengan. Pero tendrán que soportarlos cuando les toque, igual que hacen con los adolescentes o los ancianos (ah, claro, que hablar de soportar a un anciano no es políticamente correcto, pero de un niño sí, porque se ve que aún no ha adquirido su categoría de persona y no merece el mismo respeto). Para mi todos merecen respeto y mucho, por cierto, no se vaya a malinterpretar algo de lo que he escrito.

Lo dicho, que yo les recomendaría, desde mi humilde opinión, dedicar su tiempo a otra cosa en vez de a escribir sobre un tema tan manido, porque por mucho que escriban y protesten, los niños seguirán existiendo, y ustedes se seguirán aguantando. Los niños y por supuesto los idiotas de sus padres, con sus pesadas conversaciones que tan poco les importan (sí, eso he leído esta mañana… Está muy feo eso de insultar ¿eh?).

Que, ojo, a todos hay conversaciones que no nos importan nada, pero no andamos siempre quejándonos, pataleando y dándole tantas vueltas, que al final va a parecer que nos importa de verdad. Un adulto se aguanta y a otra cosa mariposa; además,así no se comportarían como esos niños que tan poco soportan.

Nota: ¿en serio las conversaciones de los padres son las únicas que escuchan y no les interesan? Yo les diría que escribiesen sobre las otras, porque este tema a estas alturas, de verdad que carece de originalidad y los que pasan a no interesar son ustedes. Antes sería cool pero ahora es cansino.

Nota 2: si quieren conciliación para leer, ir al cine o a jugar al mus, únanse a la lucha, nadie se lo impide. Cada uno que concilie con lo que quiera.

Generalmente esta no es la línea del blog, pero qué os voy a decir, es lunes y no he elegido una buena lectura para empezar la mañana.

Feliz día 😉

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Los adultos ya no creemos en dinosaurios

¿Os habéis dado cuenta de cómo fascinan a los niños los dinosaurios? Desde que son pequeñitos una especie de imán misterioso les atrae hacia ellos. Ya puede haber coches, princesas, muñecos, cocinitas… que si hay dinosaurios en la habitación, lo más seguro es que vayan hacia ellos. Y la verdad es que no me extraña, los dinosaurios son fascinantes. Fueron unos animales vertebrados muy parecidos a unos reptiles gigantes (de ahí su nombre) que poblaron la tierra hace millones de años y durante millones de años. Suena a ciencia ficción, pero es verdad. Hay evidencias de ello, ya se sabe mucho de cómo eran y cómo vivían, se han encontrado fósiles y restos que están expuestos en los museos. Claro que es fascinante…

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Sin embargo, no se si os habéis fijado también en que según los niños se van haciendo mayores van perdiendo ese interés por estos increíbles seres y su mundo. Se va convirtiendo poco a poco en algo “de pequeños” (estoy generalizando ¿eh? siempre hay excepciones). Hasta que un buen día se convierten en adultos para los que los dinosaurios no son más que ciencia ficción o cosas de niños. Y es que, salvo que seas paleontólogo, no forman parte de nuestro mundo adulto, real, organizado, y se convierten en fantasía infantil o de película.

A mi hija le alucinan los dinosaurios, jugar con ellos, los dibujos de dinosaurios, y conoce desde hace tiempo los nombres de algunos. Y para mi, como buena adulta, no son más que un juego, unos muñecos que les gustan a los niños. Pero de vez en cuando me da por pararme a pensar y a analizar las cosas, a darle vueltas a todo, y soy consciente por un momento de que ese T-Rex con el que juega mi peque por la casa existió un buen día, y esa fascinación propia de la infancia regresa durante unos segundos. Y entonces no puedo dejar de ver un paralelismo claro entre la pérdida de la capacidad para entusiasmarnos por algo, sorprendernos y fascinarnos al hacernos adultos y el olvido en que caen los dinosaurios según vamos creciendo.

Convertirse en adulto conlleva seriedad y realidad, y aspectos de nuestra persona como la creatividad, la ilusión, la capacidad para dejarse sorprender y fascinar, quedan enterrados por ellas. Y no digo que nos comportemos como si fuésemos niños, pero qué bien nos iría si esa parte de nosotros que dejamos atrás al hacernos mayores, también formase parte de cómo somos ahora. Veríamos el mundo con otros ojos. Como cuando visteis Parque Jurásico en el cine ¿a que os sentisteis de nuevo como niños? Os dejasteis llevar y fascinar otra vez, como cuando eramos pequeños y creíamos en los dinosaurios y en muchas más cosas.

 

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Ojalá los adultos no nos hubiésemos olvidado de los dinosaurios, porque significaría que no habríamos perdido muchas cosas que probablemente nos harían más creativos, más tolerantes (por ejemplo, con los propios niños) y seguramente mejores personas.

Esto es una reflexión sin más, pero yo ya lo tengo decidido, a mi me encantaban los dinosaurios cuando era pequeña y a veces cuando mi peque juega con ellos parte de ese interés sale a la luz, voy a dejarlo salir más. Voy a volver a creer en los dinosaurios 😉

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Caillou ¿te gusta o lo odias?

Hace unos meses escribí un post sobre la adorable cerdita Peppa, Por qué a los niños les encanta Peppa Pig (y a los padres también), que tuvo bastante buena acogida. Desde entonces, me he venido fijando en las opiniones de los padres sobre estos y otros dibujos animados, y para mi sorpresa, he observado comentarios muy negativos sobre Caillou. Digo para mi sorpresa, porque aunque a mi me resulta un puntito irritante (lo reconozco), lo que me ha sorprendido es que estos dibujos son percibidos como negativos por algunos padres por razones muy opuestas.

 

 

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Como me pareció bastante curiosa una percepción tan opuesta por parte de diferentes padres, me puse a buscar en la red, y con lo que me encontré es con que el pobre Caillou es un personaje bastante odiado, más que Dora la exploradora y todo, jeje.

Como os comentaba al principio, a mi personalmente Caillou siempre me ha resultado un poquito irritante, pero es algo que siempre he relacionado con el doblaje, porque lo que me rechina es su tono de voz impertinente y ñoño. Por lo demás, puedo deciros que he visto muchos capítulos de esta serie y me parecen unos dibujos bastante normalitos. Sin embargo, en los últimos tiempos he escuchado ya a varias madres de mi entorno comentar que son los peores dibujos que se pueden poner a un niño porque Caillou es una mala influencia. Les parece un niño maleducado, malhablado, que se porta mal con su hermana y al que sus padres nunca regañan a pesar de su mal comportamiento. En contraposición, y para mi asombro, he escuchado a otros padres criticar la serie por presentar a los niños un mundo demasiado ideal en el que Caillou siempre se muestra comprensivo, demasiado educado, que nunca tiene rabietas, y con unos padres que jamás pierden la paciencia, dejándonos a los padres reales en una mala posición frente a nuestros hijos.

Todo esto son cosas que he oído directamente de boca de otros padres, pero es que si te pones a buscar en internet es sorprendente la cantidad de opiniones diferentes que genera este personaje y su familia. Para algunos incluso los padres de Caillou son un pésimo ejemplo de crianza, puesto que la madre nunca tiene tiempo de jugar con él y el papá sólo se dedica a hacer de manitas en la casa, además de obligar a Caillou a dormir solo a pesar de tener miedo, a ceder siempre ante su hermana y otras cosas similares.

Por supuesto, hay opiniones favorables que consideran esta serie educativa e inocente, en la que se plantean situaciones cotidianas de la vida de un niño y que siempre se resuelven a través de la imaginación del protagonista y la paciencia e ingenio de sus padres, que intentan explicar a su hijo cómo funciona el mundo.

Lo que está claro es que, a pesar de su apariencia inocente y hasta un poco tontorrona, Caillou es un personaje de lo más polémico. Quién lo hubiera dicho.

Por mi parte, sólo puedo deciros que me parecen unos dibujos más, con una clara intención educativa cuyo enfoque puede gustarte más o menos en función de tu filosofía a la hora de educar a tus hijos. Pero sinceramente, no soy muy de buscar cosas ocultas ni malas intenciones donde no creo que las haya. En fin, que no me parecen unos dibujos tan “malignos” como otros creen ni por estrictos ni por permisivos, simplemente me parecen unos dibujos más que no veo que hayan influido a mi peque a la hora de portarse de una u otra manera.  Pero esto es sólo mi opinión, y como he podido observar, sobre Caillou hay miles.

Me parece muy interesante y muy curioso que haya opiniones tan opuestas, así que me encantaría conocer las vuestras.

¿Vosotros qué pensáis sobre Caillou? ¿Maleducado o excesivamente educado? ¿Tontorrón o impertinente? ¿Y sus padres, demasiado estrictos o demasiado permisivos?

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Elegir el colegio ¿y si me equivoco?

 

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Pues esa ha sido precisamente nuestra experiencia. Todos los que tenéis hijos de 2-3 años estáis ahora metidos de lleno en el proceso de elección de colegio, con sus jornadas de puertas abiertas, valoraciones y demás quebraderos de cabeza. Nosotros hace un año estábamos exactamente en la misma situación. Visitamos varios centros y le dimos muchas vueltas a la elección del cole. Hasta que nos decidimos por el que más nos convencía por diferentes cuestiones.  Estábamos seguros de que la elección era la correcta, y sin embargo, nos equivocamos.

Me gustaría plantear esta cuestión de manera que pueda ayudaros a los que estáis en el proceso de elección.

En primer lugar, creo que hay que tener muy claro qué tipo de educación queremos para nuestros hijos y conocer qué opciones tenemos, para luego no llevarnos sorpresas. Las opciones lamentablemente son pocas. Colegios puede haber muchos, pero tipos de colegios… al final lo que hay es sota, caballo, rey, salvo que te puedas permitir exactamente lo que estás buscando, pero claro, supongo que la mayor parte de vosotros no os lo podréis permitir, como nos ocurría a nosotros.

Afortunadamente esta situación está cambiando y cada vez hay más colegios que se están sacudiendo el polvo, están saliendo del anquilosamiento y están mostrando interés por otros métodos pedagógicos o intentando mejorar los que ya tienen en marcha. Esto va muy poco a poco, pero menos es nada…

No voy a entrar ahora en criticar cómo está montado el sistema educativo, cómo funcionan los colegios y cuánto tienen que cambiar las cosas, porque entonces no acabaría. Sólo puedo deciros que cuando vi el panorama me sentí sorprendida y decepcionada por muchísimas cuestiones (en lo referente, por ejemplo, al control de esfínteres y respeto a la edad real de los niños, excesiva importancia a la lectura y escritura olvidando lo que debe aprenderse antes y cómo… etc). Pero como os digo, en eso no voy a entrar ahora, porque de momento mucho no podemos hacer y al final tenemos que elegir colegio entre los que hay, y dentro de las opciones queremos elegir lo mejor posible.

Mi consejo es que os informéis bien de esas opciones y penséis en cuál es vuestra filosofía educativa. Hasta que no te ves en la necesidad de elegir porque tienes peques, te puede parecer que casi todos lo colegios son más o menos similares, pero no, ojo con los matices. Dentro de ese sota, caballo, rey que os comentaba, hay diferencias significativas entre unos centros y otros.

Aparte de la filosofía del centro y método pedagógico, suelen valorarse cuestiones como la cercanía, prestigio, enseñanza de otros idiomas, referencias de conocidos… Todas son cuestiones a tener en cuenta y por supuesto todo depende de a lo que demos más importancia cada uno, que ahí ya no me voy a meter. Pero mi consejo es que tengáis muy claro qué es lo que para vosotros tiene más peso. En nuestro caso pusimos la cercanía, años de rodaje del colegio y referencias, por delante de la filosofía del centro y de la sensación que nos dio cuando fuimos a visitarlo. Porque de inicio las diferencias entre los dos colegios entre los que estábamos no nos parecían tan grandes.  Y sí, nos equivocamos. Supongo que la suerte también tuvo bastante que ver porque no tuvimos fortuna con la profesora que le tocó a la peque (eso ya sí que es una ruleta rusa). Si volviese a dar marcha atrás tendría mucho más en cuenta nuestra intuición. Para nosotros lo más importante es que nuestra hija vaya a un colegio en el que esté bien, vaya contenta, se respete su ritmo (o al menos se tenga en cuenta…), se tenga en cuenta su edad real (las diferencias de edad en los primeros cursos son enormes), se la deje aprender en lugar de presionarla para aprender… La intuición nos decía una cosa y la cabeza otra. Pero afortunadamente, de los errores se aprende, hemos podido enmendarlo y ahora estamos muy contentos. De eso ya os hablaré con más detenimiento otro día, del cambio de cole. Porque sí, para quitaros un poco de tensión de encima, aunque intentéis hacerlo lo mejor posible, si os equivocáis, podéis cambiar. Es una decisión muy importante, pero si el camino iniciado no nos gusta, puede redirigirse.

Y ahora ánimo con las visitas a colegios, con los pros y los contras, y sobre todo, disfrutad mucho de esos peques que se hacen mayores y aunque os parezca mentira, el año que viene empiezan el cole 😉

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¿No tienes naúseas? ¡Qué buen embarazo!

Hasta ahora no he hablado nada o casi nada de mi embarazo. De aquello hace ya… ¡madre mía! casi 4 años… Así que no se había presentado la oportunidad, ni venía a cuento. Y ahora tampoco es que venga mucho a cuento, pero llevo unas semanas cruzándome con embarazadas en mi vida (¿hay un baby boom o algo así? jeje). Eso ha dado lugar a las típicas preguntas, suposiciones, prejuicios, poses (o no), posicionamientos sobre cómo llevar el embarazo, cuestiones laborales… Y eso me ha hecho dar un poquito marcha atrás y recordar mi experiencia.

Vamos a ver cómo lo planteo. Sí, lo recuerdo con cariño, casi se podría decir que añoranza (porque eso de que nos quedan los recuerdos buenos, es verdad). Por supuesto que fue un momento increíble de mi vida, una experiencia fascinante difícil de explicar. Pero la realidad es que no lo pasé bien, ni física ni emocionalmente.

 

Aquí embarazada... El caso es que veo las fotos y me entra nostalgia... ¿a vosotras os pasa?

Aquí embarazada… El caso es que veo las fotos y me entra nostalgia… ¿a vosotras os pasa?

 

Tuve un embarazo normal, en el que todo se desarrolló dentro de la normalidad, así que no me podía quejar. Pero yo no lo viví de manera tranquila y apacible hasta bien entrado el último trimestre, a pesar de lo que pudiese parecer desde fuera.

A las 2 semanas de conocer mi estado empecé a tener leves manchados que me tenían cada dos por tres en urgencias y haciendo un par de días de reposo por cada sustito. Todo estaba bien, así que oficialmente no había razón para preocuparse, pero la realidad es que yo estaba aterrada y sentía que nadie comprendía por qué, si todo iba bien…

¡Además, no tenía náuseas! Qué suerte ¿no? Pues la verdad es que sí. Ni una vez vomité, sin embargo a cambio tuve 3 meses enteros de infecciones de orina (consecuencia del embarazo) con su correspondiente toma constante de antibióticos. Me encontraba fatal y a pesar de que los médicos me decían que era muy frecuente en embarazadas y que era preferible parar la infección a no tomar antibióticos, el hecho de tomar tantos medicamentos durante la gestación me tenía bastante tensa. Pero no tenía náuseas, ni ciática… así que… qué suerte ¿no?

Ja! Porque ahí no quedó todo amigos, noooo. Porque superada esa parte… ¡sorpresa! después de tanto antibiótico, llegaron los hongos, sí señor. La molestia permanente y desquiciante en mi zona íntima durante el segundo trimestre hasta el punto de hacerme llorar fue una experiencia digamos… por lo menos curiosa, jeje. Pero claro, cuando en el trabajo te preguntan que qué tal estás, y te dicen que se te ve muy bien, que qué buen embarazo estás teniendo… ¿qué les dices? Pues ya ves… grrrr, en fin.

El embarazo es muy bonito, sin duda, pero es duro también. Es algo natural, por supuesto, pero eso no lo libera del malestar que sufren durante la gestación muchísimas mujeres. Puedes tener la suerte de llevarlo fenomenal, oye qué bien, pero si no es así ¡también es normal! Que parece que eres mejor y más fuerte si lo llevas en plan superheroína. Por eso me pongo mala cada vez que oigo la frase “está embarazada, no enferma”, porque ¿y qué sabrán ellos cómo se siente esa mujer a la que critican? Ay, y cuando veo a personas como Pilar Rubio, embarazada de 8 meses danzando en la tele “demostrando” al mundo que una embarazada se encuentra fenomenal y puede hacer de todo porque la clave está en mantenerse en forma… Yo no sé el resto qué pensaréis, pero el mensaje que yo recibo es que las demás hemos sido unas quejicas y unas exageradas, grrrr.

Jejeje, bueno, que es que me enciendo con estas cosas… pero es que hemos pasado de un extremo al otro. De considerar a una embarazada un ser en un estado que la convertía en frágil como el cristal a tener que demostrar lo fuertes que somos, lo bien que nos encontramos y lo rápido que nos recuperamos. Cuánto nos cuesta ver las cosas simplemente como son.

Podría seguir hablando y hablando sobre estas cuestiones, pero no quiero aburriros con mis disertaciones, jeje. Así que prefiero que me contéis vosotras. ¿Cómo vivistéis o estáis viviendo vuestros embarazos? ¿Os encontráis bien o sois de las que estáis pasándolo regular a ratos? ¿Tenéis las molestias consideradas habituales u otras que nos esperábais?

Contadme, que estoy deseando leer vuestras historias 🙂

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¿Qué pasa con la edad recomendada en los columpios?

Reconozco que soy una persona bastante precavida en general, y desde que tengo a mi peque la seguridad me preocupa especialmente. Intento que crezca en un entorno seguro intentando quitarle la menor libertad posible.

Sé que a veces no encuentro el equilibrio adecuado y quizá soy demasiado sobreprotectora. Quizá en ocasiones soy demasiado precavida. Por supuesto que quiero que aprenda por sí misma, que vaya siendo cada vez más autónoma, porque debe ser así. Pero cuando reflexiono sobre ello, me reafirmo en que no a costa de su seguridad.

No comparto los comentarios del tipo “si se va a caer mil veces”. Lo sé, se caerá mil veces que no podré evitar. Pero si está en mi mano, que sean las menos posibles. Si puedo evitarlo, lo haré. Debo dejarle espacio para crecer, pero su seguridad es asunto mío, todavía no es algo que le corresponda a ella. Sé que a veces me excederé, porque no sé hacer las cosas perfectas, pero siempre lo intento, intento conseguir un equilibrio entre libertad y seguridad.

 

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Y por qué digo esto. Porque me cansa sobremanera ser juzgada por proteger a mi hija cuando creo que es lo que me corresponde. Como por ejemplo, en los columpios. Me ha pasado un millón de veces más (cuando empezaba a caminar y cometía la “gran locura” de permanecer a su lado para sujetarla en sus caídas, por ejemplo), pero en el caso de los columpios me hace especial gracia porque dispongo de datos que demuestran que de loca nada. ¡Lo pone allí mismo, en la entrada del parque! Si oficialmente se ha valorado que aquellos columpios son adecuados para niños mayores de 6 años; si yo, que conozco a mi hija, sus habilidades y destrezas, considero que no está lo suficientemente preparada para subirse sola a esos columpios, por qué soy juzgada por preferir que no suba o por mantenerme a su lado como red si lo hace. ¡Por qué!

 

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No voy a mantener esa falsa pose de despreocupación que muchas veces veo para parecer más “molona”, una madre relajada, que es más “guay”. Y que conste que a veces sucumbo a las miradas críticas y los comentarios y me hago la despreocupada también. – Es que hay que ser relajado, hombre. Cuando éramos pequeños nos caíamos mil veces de la bola y no pasaba nada – Pero luego reflexiono y no quiero dejarme llevar si lo que hago lo hago convencida. Lo siento, no me parece responsable dejar que una niña de apenas 3 años dance en las alturas de un columpio que está a más de 2 metros en el que además claramente pone a partir de 6 años (por algo será). Porque mi peque aún no tiene conciencia de algunas cosas, sabe que no quiere caerse sí, pero aún no tiene la movilidad de un niño más mayor, aún puede correr o saltar presa de la emoción del juego o sus piernas ser demasiado cortas para subir por algunos sitios… Y es que sólo tiene 3 años, y no creo que caer desde 2 metros sea algo que corresponda a su aprendizaje de la vida. Si se cae, pienso, debo, estar allí para evitarlo.

 

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De manera que seguiré haciéndolo, es algo reflexionado, sólo hago lo que creo que me corresponde. Sólo espero hacerlo lo mejor posible consiguiendo el punto de equilibrio adecuado entre su autonomía y su integridad física.

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A mi día le faltan horas… ¿y al tuyo?

Yo de verdad que lo intento. Día tras día… Me levanto dando una palmada (bueno, esto es exagerar un poco), pero sí que lo hago diciendo -venga, que hoy me organizo mejor. Pero es que no lo consigo.

No sé si el problema soy yo o es que desde que mi peque vino al mundo me van restando minutos al día poco a poco sin que yo me de cuenta. Sí, debe de ser eso, porque si no a mi las cuentas no me salen.

 

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Ya os digo que le pongo empeño, unos días más que otros, pero por lo general se lo pongo. Me organizo super bien mentalmente, en mi cabeza lo veo todo claro. Venga, preparo a la peque para ir al cole y cuando la deje tengo tooooda la mañana para dedicarla a algunos proyectillos que tengo en mente y que avanzan leeeentamente. Pero de pronto me topo con la realidad del reloj. Y lo que yo había pensado que iba a llevarme solo media horita o una hora como mucho, pues al final me lleva casi dos. A pleno rendimiento ¿eh? Que eso es lo peor de todo, que acabo agotada cada día teniendo la sensación de que he hecho menos de la cuarta parte de lo que quería.

Cuando me doy cuenta la mañana se ha pasado, solo queda media hora para ir a recoger a la peque y ¡aún no he hecho la comida! Así que rápidamente preparo algo de comer y salgo pitando en dirección al cole. Y desde el momento en que mi pequeña terremoto sale, ya da igual cómo intente organizarme, porque siempre haré todo con la mitad de la atención que requiere ya que tengo un ojo en lo que estoy haciendo y uno y medio en ella. Ya sé que si sumo salen más ojos de los normales, pero es que cuando tienes peques al igual que una mano oculta te resta minutos de los días, también te da más ojos (de verdad).

 

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Así que me paso la vida en un estado de tensión permanente intentando hacer más cosas de las que se ve que estoy capacitada 😦 para llegar al final del día rendida y con la lista de cuestiones pendientes cada vez más larga.

Pero aquí no acaba todo. A veces te consuelas pensando que esto le pasa a todo el mundo. Que hay gente que incluso debe estar infinitamente más agotada que tú porque tienen más hijos, trabajan lejos y pillan más atascos… Pero entonces… te encuentras con la vecina del quinto (esto es una forma de hablar), esa que tiene tres hijos y aún así tiene tiempo para hacer un montón de cosas, esa que tiene tiempo de colgar un millón de fotos chulas en instagram y que te saluda sonriente con su pelo arreglado, sus uñas rojas y una ojeras mucho más discretas que las tuyas, y que después se va enérgicamente  hacia su casa para iniciar el ritual baño-cena-irse a la cama (la parte más agotadora del día) de sus tres hijos. Y tú te quedas con cara de tonta, con tus cuatro canas asomando en el centro justo de la cabeza, porque son cuatro pero puñeteras y aún no has sacado un rato para ocultarlas este mes, con las uñas tal cual, y con ropa decente pero que fue cool hace tres años… (mira, eso me recuerda que necesito sacar un hueco para ir de compras con calma ¿qué se lleva este año?). Vamos, que en esos momentos se me cae el alma a los pies… porque juro que a mi no me da la vida… Aunque pensándolo bien, ya tengo la clave, ya sé a dónde van los minutos que la mano oculta me quita a mi, ¡se los da a la vecina del quinto!

Ya en serio, quizá la clave está en que quiero hacerlo todo demasiado bien y eso me lleva a una sensación de tensión constante. Una lástima ¿no? Pero por otro lado, si me relajo… menos cosas haré y peor me sentiré, jejeje. ¡Qué locura! Menos mal que me consta que no soy la única loca a la que le pasa esto, de hecho me da a mi que a pesar de existir casos como el de la vecina del quinto, esta sensación de falta de tiempo y tiempo que no cunde, la tiene una gran parte de gente. No me equivoco ¿verdad? Y si ya tienes hijos ni te cuento. Y si encima eres la madre… buf, peor aún, porque aparte de la falta de tiempo nos acompaña el famoso sentimiento de culpa.

Pero bueno, lo más importante es que aunque a veces tengo la sensación de estar permanentemente estresada, creo que al final me lo tomo con sentido del humor (bueeeno vale, esto también depende del día. A veces no estoy de humor para nada, jejeje, pero normalmente aviso a los que hay a mi alrededor del riesgo de explosión). Sea como sea, tengo claro que el sentido del humor no debe perderse nunca. A mi al menos es lo que me salva, lo necesito para destensar y ver las cosas con perspectiva. Así que venga, hoy animo a todo el mundo a buscar algo por ahí para reírse un poco.

 

 

¿Y vosotros? ¿Cómo percibís el tiempo ahora que sois padres? Mis días tienen unas tres o cuatro horas menos que antes, que son las que echo en falta más o menos para llegar a todo sin estreses ¿y los vuestros?

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Competiciones de hijos

Uyyyyy… fangoso tema en el que me meto… Pero es que llevo dándole vueltas desde esta mañana.

Seguro que cuando vais a casa de vuestros padres aún os cuentan de vez en cuando que se han encontrado con fulanita y menganita y que han estado hablando del puestazo que tiene el hijo de una en nosequé empresa y de que el hijo de la otra es director de esto y de aquello.

 

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Pues no es cosa de nuestros padres señores, resulta que los nuevos papás, o sea nosotros, hacemos lo mismo, sí, sí, eso que estáis pensando: hacemos competiciones de  hijos. Parece que desde que son pequeños tenemos la necesidad de demostrar lo listos que son, lo rápido que han empezado a hablar, lo pronto que han caminado… –el mío ya dice frases completas, –pues el mío reconoce las vocales

Pero ahí no queda la cosa, además pretendemos conseguir con nuestros hijos aquellas cosas que no conseguimos en su día nosotros. Ahora todos queremos que nuestros peques aprendan muchas cosas. Por ejemplo, lo más importante para los padres de nuestra generación, es que sean bilingües (o casi). Nuestra generación está tremendamente frustrada con el tema de los idiomas. Nos sentimos acomplejados porque durante años no hemos parado de oír que nuestro inglés es peor que el del resto de europeos, que hablamos pocos idiomas con lo importantísimos que son. Y eso se traduce en una obsesión desmedida por que nuestros hijos aprendan a hablar inglés desde pequeños, por ejemplo con colegios con programas bilingües con los que me da a mi que nos estamos engañando mientras dejamos de lado otras cuestiones. Nos centramos tanto en el objetivo que corremos el riesgo de no hacer las cosas bien. Pero bueno este es otro tema, bastante complejo además.

 

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Que está muy bien, ojo, que los niños aprendan inglés desde pequeños, por seguir con el ejemplo de los idiomas que creo que es muy representativo. A mi también me interesa y me gusta que mi peque diga ya cositas en inglés y pronuncie mejor de lo que yo lo haré nunca.

Pero cuidado, porque a veces tengo la sensación de que intentamos hacerlo tan tan bien con ellos que algunas cosas se nos van de las manos y nos olvidamos de que los niños necesitan desarrollarse, crecer y aprender siguiendo una evolución sin saltarse pasos, y el peligro está en que muchas veces nos los saltamos.

¿Muchos de vosotros leíais antes de los 6 años (1º de EGB – Primaria)? No creo. Y a los 3 años ¿muchos reconocíais las letras? Yo desde luego lo dudo mucho. Y eso no me convirtió en más torpe ni me incapacitó para la lectura, de hecho cuando llegó el momento aprendí rapidito, pero lo hacíamos ya con 5 o 6 añitos.

 

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Toda esta reflexión viene porque estoy fascinada con la tendencia que veo a mi alrededor por intentar que los peques aprendan demasiado pronto cosas que a mi entender aún no les corresponden. He observado entre los padres un interés muy grande por que en el colegio empiecen a “enseñarles cosas”, lo que ellos entienden por cosas que se deben enseñar en el cole y tienen utilidad: letras, números, escribir… También he presenciado muchas conversaciones en las que los padres presumen de sus hijos porque –fíjate, ya escribe, –sólo tiene 4 años y ya sabe leer, –ven Juanito dile a mi amigo qué letra es esta

 

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Yo de verdad que a lo mejor soy muy inocente o no sabría cómo llamarlo, pero de verdad que este curso (3 años) no aspiraba a mucho más que a que mi peque reconozca y quizá escriba su nombre (pero su nombre, no a leer ni escribir otras cosas) y a que le empiecen a sonar (a sonar) las letras y números.

Quizá me esté colando en esto que voy a decir y algún educador o pedagogo que me esté leyendo puede corregirme, pero me resulta difícil creer que tan pronto tengan capacidad para comprender el concepto de la escritura. Primero deben comprender el concepto y luego ya aprenderán a escribir y leer. ¿No deben aprender antes otras cosas? ¿No debe desarrollarse antes su capacidad de comprensión o de deducción? Y lo más importante de todo ¿por qué queremos que aprendan a leer tan pronto, a sumar tan pronto? De verdad que tengo la sensación de que tiene sobre todo que ver con la competición entre los padres y con nuestro afán por que nuestros hijos aprendan más cosas que nosotros y sean mejores.

 

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Pero si muchos peques de la edad de la mía aún piden a veces el chupete en el parque o al salir del cole. Allí están ellos tan pequeños, jugando a correr sin más, aprendiendo con la experimentación, tocando, probando las cosas… Y al lado están sus padres hablando de todas las letras que reconocen sus hijos, lo bien que dibujan ya, y que ya conocen los números más allá del 10…

Y yo también he entrado en el juego de la competición en ocasiones ¿eh? No estoy señalando a los demás. Quizá no con la escritura o los números, pero seguro que con otras cuestiones como lo pronto que habló o las deducciones que hace… Es algo inconsciente porque queremos mostrar al mundo lo maravillosos que son, porque estamos orgullosos de ellos… Pero tenemos que tener cuidado, no debemos utilizarlos para competir. Y también es normal que queramos “lo mejor” para ellos, la mejor formación… pero debemos pensar en qué es realmente “lo mejor”, si que aprendan a leer muy pronto o que su desarrollo sea evolutivo y su aprendizaje a la larga sea mejor.

¿Qué pensáis de este tema? ¿Competís con otros padres de manera inconsciente? ¿Estamos demasiado preocupados por su “formación” desde demasiado pequeños? ¿Y vuestros padres? ¿Aún compiten con otros padres?

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Celebrar Halloween ¿por qué no?

Cuando llegan estas fechas siempre hay algo de polémica entre la gente con el tema de la celebración de Halloween. Muchos están radicalmente en contra de la celebración de esta fiesta que por otro lado no deja de popularizarse cada vez más.

 

Halloween

 

Si a mi me preguntáis Halloween sí o Halloween no, os contestaré que sí. No es que sea una defensora radical ni nada parecido. De hecho lo celebramos lo justito porque no estábamos acostumbrados a hacerlo, sobre todo lo hacemos desde que está la peque, pero no estoy para nada en contra de la celebración de esta fiesta y os contaré por qué.

Fundamentalmente porque me parece que se trata de algo natural. Que es algo heredado de los americanos y se ha transmitido a través del cine y la televisión, eso es obvio, pero en realidad algo natural así que por qué oponerse. Si nos paramos a pensarlo es algo que siempre ha pasado, los pueblos se han relacionado unos con otros de diferentes formas a lo largo de la historia contagiando y fusionando sus costumbres. En el mundo global tal y como se concibe ahora es algo inevitable. Además… eso de que es una tradición americana que no tiene nada que ver con nosotros no es del todo cierto…

El origen de esta fiesta es celta (no anglosajón como muchos creen). Los celtas celebraban el Samhain en estas fechas, coincidiendo con el fin de la temporada de cosechas y el inicio de lo que llamaban la estación oscura. Se creía que en ese momento la línea existente entre este mundo y el otro mundo se estrechaba pudiendo pasar los espíritus a este mundo. Se aprovechaba para invitar y homenajear a los antepasados en los hogares. Pero todo tipo de espíritus podían pasar a nuestro mundo, también los malvados, así que se colocaban máscaras en las puertas de las casas para ahuyentarlos y aquellos que salían lo hacían “disfrazados” para pasar desapercibidos entre esos espíritus malignos y así evitar que les hiciesen daño.

 

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Trisquel, símbolo celta que representa el principio y el fin, la evolución constante

 

Con la expansión del Imperio Romano esta celebración se fusionó con las ofrendas a la diosa Pomona que celebraban los romanos en estas mismas fechas por el fin de las cosechas. A pesar de la cristianización del Imperio Romano por Constantino muchas de estas fiestas paganas se filtraron y se continuaron celebrando, de manera que el Papa Gregorio III trasladó la fiesta cristiana de Todos los Santos a estas fechas para así cristianizar esta celebración.

La noche anterior a la celebración de Todos los Santos en que todo se preparaba para el día siguiente, empezó a llamarse en Inglaterra All Hallows Eve. Y poco a poco esta denominación derivó hasta Halloween, como lo conocemos hoy en día.

Los inmigrantes irlandeses, que mantenían antiguas costumbres de Samhain en la celebración del All Hallows Eve o Halloween, difundieron esta tradición a finales del siglo XIX y principios de XX por Estados Unidos, donde en pocas décadas quedó fuertemente arraigada. A partir de los años 70-80 el cine y la televisión exportaron esta tradición por todo el mundo pasando a celebrarse de manera creciente en muchos países.

Como podéis ver, esta tradición, como otras muchas, se fue contagiando de unos pueblos a otros, fusionándose con otras costumbres, transformándose por intereses, hasta llegar a nuestros días como la conocemos. De manera que la asumo como una parte natural de la relación de unos pueblos con otros y la veo desde un punto de vista positivo, enriquecedor y, por qué no decirlo, divertido.

Además, como os decía al principio… eso de que es una tradición que no tiene nada que ver con nosotros no es del todo cierto. Los celtas ocuparon el noroeste de la Península Ibérica durante mucho tiempo, y muchas de sus costumbres se han mantenido entre sus gentes. Entre ellas se encuentran una serie de rituales en la víspera de Todos los Santos, lo que en Galicia (y áreas colindantes) se conoce como Samaín (adaptación de Samhain) y que fusiona ritos heredados directamente de la cultura celta con tradiciones católicas. Hace unos años el profesor Rafael López Loureiro redescubrió el Samaín (O Samaín) y promovió su recuperación, de manera que se celebra cada vez en más lugares. Podéis encontrar los resultados del estudio de este profesor sobre esta tradición en el libro Caliveras de melón (calaveras de melón).

 

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Dicen en Galicia que las meigas no existen, pero que haberlas haylas…

 

Algunos de los ritos de Samaín incluyen el tallado de calabazas o melones y procesiones de ánimas con los jóvenes disfrazados y portando luces. Se ha hecho bastante famosa, por ejemplo, la celebración de la Noite Meiga de Ribadavia, donde se mezclan elementos típicos de Samaín con Halloween tal y como lo conocemos.

Jack O´lantern

Se tiene constancia del uso de nabos, calabazas y otros frutos tallados en varios lugares de Europa, como en España y en Italia, en relación con el homenaje a los difuntos. Hay teorías que relacionan esta tradición con las linternas sepulcrales que en Roma se ofrendaban a los ancestros.

 

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Calabazas talladas

 

La tradición irlandesa, por su parte, cuenta con la leyenda de Jack el Tacaño, un granjero bastante malvado a quien el diablo quiso llevarse con él en varias ocasiones. El astuto Jack siempre lograba engañar al diablo, retándole por ejemplo a convertirse en una moneda para guardarla después en su bolsillo junto con un crucifijo privando así al diablo de sus poderes. Jack pactó así con él que éste nunca volvería para llevárselo. Así que cuando Jack murió no fue admitido en el cielo, pero tampoco en el infierno, y quedó condenado a vagar eternamente sin descanso. El diablo a modo de burla le lanzó unas brasas del infierno que Jack atrapó e introdujo en un nabo utilizándolo como linterna y pasando a ser conocido su espíritu desde entonces como Jack el de la linterna (Jack of the lantern – Jack O´lantern).

Por esta razón las calabazas talladas reciben este nombre. Sin embargo, es interesante saber que inicialmente se trataba de nabos y otros vegetales, pero la llegada de esta festividad a Estados Unidos, donde había excedente de calabazas, popularizó el uso de éstas para crear las Jack O´lantern.

Truco o trato

El origen de esta tradición no está del todo clara; es probable que en la tradición medieval de pedir soul cake (pan de almas) en las islas británicas. Una tradición similar a la portuguesa de pedir el pao por deus o al migallo gallego que se pedía como limosna el día de Todos los santos.

Lo que está claro es que es algo que se popularizó en Halloween a partir de los años 20 en Estados Unidos. En ella los niños disfrazados van por las casas pidiendo dulces.

 

caramelos

Caramelos

 

La conclusión de todo este rollo que os he echado, es que Halloween es resultado del paso de los siglos, de la fusión de muchas tradiciones, de la relación de diferentes pueblos. Esto está claro aunque no pueda afirmarse con rotundidad su origen, ni el de todos los rituales que ahora forman parte de esta celebración. No solamente es algo que han aprovechado los comercios para vender, es más que eso, y su popularización ha sido inevitable en el mundo global en el que vivimos.

Por otro lado, qué voy a deciros, a la gente le divierte, a los niños les divierte, sale en las pelis y eso les gusta, es así. No suplanta ninguna tradición propia, solo suma. Así que, esto ya es pura opinión mía pero… ¿cuál es el problema de pasarlo bien? Entiendo otras opiniones… pero hombre… para enfadarse, como he visto a veces, tampoco es…

Así que, a todos los que vayáis a celebrarlo ¡Feliz Halloween!

¡Y aquí tenéis en primicia nuestra primera calabaza tallada!

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