A mi día le faltan horas… ¿y al tuyo?

Yo de verdad que lo intento. Día tras día… Me levanto dando una palmada (bueno, esto es exagerar un poco), pero sí que lo hago diciendo -venga, que hoy me organizo mejor. Pero es que no lo consigo.

No sé si el problema soy yo o es que desde que mi peque vino al mundo me van restando minutos al día poco a poco sin que yo me de cuenta. Sí, debe de ser eso, porque si no a mi las cuentas no me salen.

 

estres

 

Ya os digo que le pongo empeño, unos días más que otros, pero por lo general se lo pongo. Me organizo super bien mentalmente, en mi cabeza lo veo todo claro. Venga, preparo a la peque para ir al cole y cuando la deje tengo tooooda la mañana para dedicarla a algunos proyectillos que tengo en mente y que avanzan leeeentamente. Pero de pronto me topo con la realidad del reloj. Y lo que yo había pensado que iba a llevarme solo media horita o una hora como mucho, pues al final me lleva casi dos. A pleno rendimiento ¿eh? Que eso es lo peor de todo, que acabo agotada cada día teniendo la sensación de que he hecho menos de la cuarta parte de lo que quería.

Cuando me doy cuenta la mañana se ha pasado, solo queda media hora para ir a recoger a la peque y ¡aún no he hecho la comida! Así que rápidamente preparo algo de comer y salgo pitando en dirección al cole. Y desde el momento en que mi pequeña terremoto sale, ya da igual cómo intente organizarme, porque siempre haré todo con la mitad de la atención que requiere ya que tengo un ojo en lo que estoy haciendo y uno y medio en ella. Ya sé que si sumo salen más ojos de los normales, pero es que cuando tienes peques al igual que una mano oculta te resta minutos de los días, también te da más ojos (de verdad).

 

tiempo

 

Así que me paso la vida en un estado de tensión permanente intentando hacer más cosas de las que se ve que estoy capacitada 😦 para llegar al final del día rendida y con la lista de cuestiones pendientes cada vez más larga.

Pero aquí no acaba todo. A veces te consuelas pensando que esto le pasa a todo el mundo. Que hay gente que incluso debe estar infinitamente más agotada que tú porque tienen más hijos, trabajan lejos y pillan más atascos… Pero entonces… te encuentras con la vecina del quinto (esto es una forma de hablar), esa que tiene tres hijos y aún así tiene tiempo para hacer un montón de cosas, esa que tiene tiempo de colgar un millón de fotos chulas en instagram y que te saluda sonriente con su pelo arreglado, sus uñas rojas y una ojeras mucho más discretas que las tuyas, y que después se va enérgicamente  hacia su casa para iniciar el ritual baño-cena-irse a la cama (la parte más agotadora del día) de sus tres hijos. Y tú te quedas con cara de tonta, con tus cuatro canas asomando en el centro justo de la cabeza, porque son cuatro pero puñeteras y aún no has sacado un rato para ocultarlas este mes, con las uñas tal cual, y con ropa decente pero que fue cool hace tres años… (mira, eso me recuerda que necesito sacar un hueco para ir de compras con calma ¿qué se lleva este año?). Vamos, que en esos momentos se me cae el alma a los pies… porque juro que a mi no me da la vida… Aunque pensándolo bien, ya tengo la clave, ya sé a dónde van los minutos que la mano oculta me quita a mi, ¡se los da a la vecina del quinto!

Ya en serio, quizá la clave está en que quiero hacerlo todo demasiado bien y eso me lleva a una sensación de tensión constante. Una lástima ¿no? Pero por otro lado, si me relajo… menos cosas haré y peor me sentiré, jejeje. ¡Qué locura! Menos mal que me consta que no soy la única loca a la que le pasa esto, de hecho me da a mi que a pesar de existir casos como el de la vecina del quinto, esta sensación de falta de tiempo y tiempo que no cunde, la tiene una gran parte de gente. No me equivoco ¿verdad? Y si ya tienes hijos ni te cuento. Y si encima eres la madre… buf, peor aún, porque aparte de la falta de tiempo nos acompaña el famoso sentimiento de culpa.

Pero bueno, lo más importante es que aunque a veces tengo la sensación de estar permanentemente estresada, creo que al final me lo tomo con sentido del humor (bueeeno vale, esto también depende del día. A veces no estoy de humor para nada, jejeje, pero normalmente aviso a los que hay a mi alrededor del riesgo de explosión). Sea como sea, tengo claro que el sentido del humor no debe perderse nunca. A mi al menos es lo que me salva, lo necesito para destensar y ver las cosas con perspectiva. Así que venga, hoy animo a todo el mundo a buscar algo por ahí para reírse un poco.

 

 

¿Y vosotros? ¿Cómo percibís el tiempo ahora que sois padres? Mis días tienen unas tres o cuatro horas menos que antes, que son las que echo en falta más o menos para llegar a todo sin estreses ¿y los vuestros?

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