¡Nooooo! ¡Cambio de armarios!

Suena a marujilla total esto de ponerse a hablar de los cambios de armario, pero es que es algo que nos está acechando, sí, y tiene pinta de que ya no podemos escapar. El veranillo de San Miguel quedó atrás, y por mucho que nos agarremos como a un clavo ardiendo a esos rayos que nos regala de vez en cuando el sol, amigas y amigos, el otoño ya está aquí, y ha venido para quedarse… y para convertirse después en invierno. Así que ya no lo podemos retrasar más… los remolones que aún no hemos hecho los deberes este año poniéndonos excusas a nosotros mismos, tenemos que enfrentarnos irremediablemente a ese temido momento.

 

ropa

 

Aaaaay, quién no ha soñado alguna vez con un vestidor de esos tipo Sexo en Nueva York, en que todo está colocado, bonito, accesible y visible… y que es taaaan grande que allí entra todo y no hace falta hacer cambio de armarios. Porque yo no quiero, ni necesito, zapatos de 1000 $ como los de Carrie Bradshaw, pero la verdad es que lo de no tener que hacer cambios de armario, en fin ¿dónde hay que firmar?

Nunca me ha hecho el asunto mucha gracia, como podéis adivinar, pero como las cosas siempre pueden complicarse un poquito más, pues entonces va una y tiene una hija. Si alguna vez os habéis preguntado si hay algo que de más pereza que hacer el cambio de armario, la respuesta es sí, hacerlo con hijos.

No solo multiplicas la ropa por dos o por tres, no sabría deciros, sino que te enfrentas al dilema de qué guardar para el año que viene por si le valiese, qué guardar para el futuro por si tuviese un hermanito o primito, qué guardar para siempre porque te da pena deshacerte de ello, y de qué deshacerte porque realmente ya no tiene ningún sentido quedártelo ocupando espacio. De verdad que si no lo habéis vivido parece una tontería, pero empiezas a hacer montoncitos de “para el año que viene”, “para guardar”, “por si acaso” y “ahora me lo pienso mejor” hasta que aquello se te va de las manos y ya no sabes qué era cada cosa. El resultado es que al final terminas guardando mucho más de lo que realmente sería necesario, sobre todo cuando los niños son pequeñitos. Luego te vas dando cuenta de que aquello es un “sinsentido” y eliminas con más facilidad. Esa es la razón por la que tengo el canapé de mi habitación lleno de un montón de cajas de ropa de bebé que algún día (algún día) revisaré :S

 

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Cuando empiezas a hacer montoncitos

 

Aaaaah no, pero esta no es la única complicación, qué os habíais pensado. Ahora viene lo peor, que es intentar hacer todo esto, que a mi tan loca me vuelve, con un niño (y algunos con varios) por allí pululando. Cuando por fin te armas de paciencia y empiezas a sacar ropa de las cajas y poco a poco la vas colocando encima de la cama a la espera de que haya hueco en el armario, entonces ves que tu querida peque se acerca corriendo con los brazos estirados y ojos de pilla. Y aunque te lanzas hacia ella en plancha para detenerla, ella es mucho más rápida que tú (además tú ya estás que te duele todo de tanto trajín todo el día y cuando te estiras te crujen los huesos), y con lágrimas en los ojos ves cómo en segundos, qué digo, menos, ha desperdigado la ropa por la habitación y con saña intenta saltar sobre ella. Detienes aquello, respiras hondo y reorganizas como puedes. Alguna cosa se ha arrugado un poco, pero qué más da, tampoco se nota. ¿Y qué es lo peor de todo? Que esto no ocurrirá solo una vez…

¿Y los zapatos? ¿Quién no ha perseguido por la casa a su hijo, que huye gritando de la emoción, con tus zapatos puestos? O peor aún, en la mano y a punto de utilizarlos como arma arrojadiza contra cualquier cosa (como los pobres y pacientes gatos). No os preocupéis por ellos, que son rápidos y ya se lo huelen, así que nunca les alcanzaría.

Y es que el estrés que tienes cuando estás en el punto álgido del cambio de ropa y está todo fuera, lo de verano y lo de invierno, y tu casa es el “caos total”, pues al final se lo terminas transmitiendo a los peques también, que son muy sensitivos y lo acusan todo, así que se ponen especialmente de los nervios, poniéndote a su vez de los nervios a ti, y eso es la pescadilla que se muerde la cola. Bueno, y que eso de que haya tantas cosas por el medio para los peques también debe ser muy emocionante y todo un mundo de posibilidades ante sus ojos.

 

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Ese momento en que todo está fuera, lo de verano y lo de invierno

 

Mi principal recomendación para los que aún no os hayáis puesto manos a la obra, es que, si puede ser, alguien se encargue durante ese rato del peque. Y la segunda recomendación es calma, relax, calma, relax… Al menos ese es mi objetivo esta vez, no estresarme nada, aunque tampoco prometo milagros.

En fin… que tengáis todos un ¡Feliz Cambio de Armario!

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2 comentarios en “¡Nooooo! ¡Cambio de armarios!

  1. Cuanto te entiendo!!! Perfectamente!!! Yo que vengo de un lugar donde siempre es verano, ahora vivo donde los cambios de armarios son obligatorios. Nooooooo!!!! Capas y capas de ropa a la hora de vestirse. De pensarlo me da cansancio. Je je je. Pero que se le puede hacer. También he aprendido que cada estación tiene su hermosura aunque la favorita sea verano. 😉

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    • La verdad es que da pereza, pero reconozco que en el fondo también me gusta que haya varias estaciones. Me encanta el verano. Pero también esas tardes de otoño e invierno en casa calentitos. Mañana empezamos aquí con lluvia así toca tarde en casa y quién sabe, quizá cocinar algo o ver una peli juntos. Saludos!!!! 🙂

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