5 Trucos para no levantarte por la noche cuando el niño se despierta

pareja durmiendo

Pareja durmiendo apaciblemente

Cuando tienes un niño y se despierta por la noche no apetece nada de nada levantarse. Esto es una realidad. Pero es que curiosamente estas pocas ganas de levantarse de la cama aumentan según el niño va creciendo.

Al principio casi no duermes. Y lo poco que lo haces es de una forma superficial porque cada poco tiempo el niño necesita comer. Además, estás en un estado de “alerta” que hace que oigas casi cada mínimo cambio en su respiración. Te despiertas y observas cómo respira, si todo está bien… Así que aunque estás agotada, nunca llegas a relajarte del todo, y te mantienes en un estado de semi-dormida del que es más fácil salir cuando el peque te reclama.

Pero el tiempo va pasando, el peque poco a poco va durmiendo mejor, cada vez aguanta ratos más largos en la cuna. Y así van sucediéndose las noches hasta que el peque cumple un año… y a partir de aquí, por alguna extraña razón, poco a poco empiezas a relajarte tú. Según van pasando los meses vas cayendo por las noches en un sueño más profundo. Y de ese sueño tan profundo y en el que estás tan a gustito es del que cuesta salir. Si el peque os llama empiezas a oírle muy lejos… Parece que forma parte de tu sueño. Y luego le vas oyendo cada vez más alto, hasta que te das cuenta de que es de verdad, no estás soñando… Pero no parece importante, seguramente solo tenga sed… y de verdad de verdad que no quieres salir de la cama.

Supongo que esto mismo exactamente les pasa a los papás de las criaturas, porque ellos tampoco se mueven.

Así que si encuentras fuerzas te incorporas y vas a la habitación del peque a darle un sorbito de agua o para acompañarle al baño. Pero si no tienes fuerza, o si te has levantado pero ves que la cosa se va a alargar un poco y tú realmente lo que más quieres en el mundo es poder irte a la cama, entonces echas mano de una serie de truquitos que seguro que a más de uno le suenan:

1. El clásico.

Te remueves en la cama con pequeño codacito al papá incluido para que se despierte y vaya él.

2. El de hacerse el dormido.

Decides sumirte aún más en tu profundo sueño y esperas a que sea el papá el que se levante. A la mañana siguiente por supuesto finges no haberte enterado de nada.

Éste truco a veces se puede alargar un poco, sobre todo si el papá está utilizando el mismo truco que tú. Así que medís vuestra resistencia, y al final uno de los dos se rinde.

3. El de por las claras.

Le dices directamente al papá de la criatura que vaya él. Puede ser así directamente, o incluso argumentarlo con “te toca a ti”.

Este truquito puede volverse en tu contra porque si en la misma noche el peque se despierta varias veces digamos que tiene efecto boomerang. Cuando el niño se vuelva a despertar el papá utilizará tus mismas palabras y dirá “te toca a ti”.

4. El veloz o efecto boomerang invertido.

En realidad es una variedad del anterior en el que utilizas el efecto boomerang en tu favor.

El peque os llama y tú rápidamente te levantas, le calmas y antes de que vuelva a decir algo tú ya estás en la cama otra vez. Cuando el peque os llama de nuevo entonces utilizas el “te toca a ti”.

Hay que ser muy rápido y hábil, eso sí.

5. El del baño.

En este caso ya te ha tocado levantarte bien porque el papá ha utilizado el truco 1 o el 3, o bien porque has perdido la batalla de “hacerse el dormido”. Así que si tienes tanto sueño que harías lo que fuese por volver a la cama, solo te queda agotar este último cartucho. Es el más rastrerillo, pero es que tienes mucho sueño.

Vas a atender al peque y con mucha agilidad (tanta como en “El veloz”), cuando parece que el niño se queda un poquito callado, vas al papá y le dices “voy al baño”.

Desde allí oyes cómo el peque vuelve a reclamaros, pero ahhhh, tú estás en el baño. Cuando oyes que el papá ya le está atendiendo, sales y te metes en tu camita.

Obviamente no puedes abusar de estos truquitos a diario porque entonces se te verá el plumerillo y dejarán de funcionar. Hay que saber espaciarlos en el tiempo y además utilizar cada uno en el momento adecuado. Todos conocemos lo suficiente a nuestros peques como para detectar ante qué tipo de requerimiento nocturno nos encontramos. Podemos intuir si se trata de algo importante o están asustados, si simplemente quieren un poquito de agua o similar, o si tiene pinta de que se han desvelado y la cosa se va a alargar. Así que si, por ejemplo, intuyes que el peque solo quiere agua, los más adecuados son los trucos 1, 2 y 3. Pero si intuyes que la cosa se va a alargar un poco, te serán más útiles los truquitos 4 y 5.

¿Alguien se atreve a tirar la primera piedra y decir que nunca ha utilizado uno de estos trucos para escaquearse?

Seguro que hay gente muy ingeniosa que hace uso de alguno más. ¡Aportaciones, por favor! Que aunque ni mi marido ni yo podremos utilizarlos al menos en un tiempo porque este post lo está destapando todo, por lo menos nos reímos un poquito con los truquitos que usáis.

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