Nuestro viaje en avión #Stopniñofobia

children-159353_1280Ya hice una breve referencia a nuestro viaje a Berlín en Cómo integramos a los niños en la vida actual, pero ahora quiero sumarme al #Stopniñofobia relatando qué fue lo que ocurrió exactamente en el viaje de vuelta.

No es una gran historia porque lamentablemente es una historia común, casi diría que forma parte de lo cotidiano, pero me sentí realmente ofendida, porque fue de una manera tan directa, tan maleducada que hizo que me hirviese la sangre.

El año pasado decidimos hacer nuestro primer viaje al extranjero con la peque, que tenía por entonces 17 meses. Tengo que reconocer que me asustaba que el viaje en avión fuese un infierno, que fuese todo el rato llorando o protestando, pero apenas eran 3 horas de vuelo, así que llevamos cuentos, capítulos de Peppa Pig, juguetitos para entretenerla y mucha paciencia. Con esto quiero dejar constancia de que a los padres no nos gusta “molestar” a nadie, hacemos todo lo posible porque los peques estén tranquilos y entretenidos en un lugar donde hay otras personas. Pero los niños son niños. Y tengo tanto derecho a irme de viaje a Alemania con mi peque como el señor de al lado, el otro y el de más allá, porque he pagado mi billete. El que no quiera viajar con más gente tendrá que ahorrar para un jet privado. Yo, como de momento no he ahorrado suficiente, tengo que aguantarme si al de al lado le huelen los pies o si el que se queda dormido ronca.

Bueno… que me estoy encendiendo, voy al asunto. El viaje de ida fue sorprendente, la peque se portó increíble, aguantó sentada, nada de lloros, ni gritos, se entretuvo con las cositas que habíamos llevado y fue una maravilla. Además, tuvimos la suerte de que el asiento de al lado no iba ocupado, así que teníamos 3 asientos para nosotros. Pasamos unos días geniales en Berlín, pero todo lo bueno acaba y tocó volver. Cuando entramos en el avión vimos que esta vez sí llevábamos acompañante. Según fuimos a sentarnos con la peque, la chica que estaba ya sentada en su sitio nos miró con tal cara de asco que yo no daba crédito. Miró a mi peque, ¡MI PEQUE!, con desprecio, y con formas que rozan la mala educación nos dijo que iba a salir, así que nos levantamos para que saliese y vimos cómo muy directa fue a la primera azafata que encontró. La azafata le dijo que no podía cambiarse de sitio porque el avión iba lleno. Bueno, pues removió Roma con Santiago, tuvo a varios auxiliares de vuelo reunidos exclusivamente con ella durante un rato. Por los gestos, parecía que intentaban convencerla de que no se podía hacer un cambio de asiento. Y tras un buen rato, consiguió lo que quería. La sentaron en otro sitio.

A todo esto, mi peque aún no había dicho ni mu, de hecho el viaje de vuelta fue tan bueno como el de ida. Es más, se portó mejor aún porque hubo muchas turbulencias y buena parte del vuelo tuvimos que llevarla con el cinturón de seguridad puesto, y aguantó muy bien.

Intenté dejar de lado lo que había pasado y mirar lo positivo, porque gracias a esta chica tan simpática pudimos ir de nuevo los 3 solos, tan a gusto. Pero mentiría si no reconociese lo que me ofendió, o incluso dolió, que aquella mujer mirase con tal desprecio a mi peque (que además no había emitido ni medio sonido), como si estuviese entrando en el avión con un perro con la rabia.

Pero antes de despegar, la justicia divina, el universo o la casualidad actuaron. En el último momento, entró una mamá con un bebé pequeñito, de meses, y se sentó al lado de la chica. Ya no pude ver su cara, pero el bebé se pasó todo el viaje llorando y quejándose. Y yo, lo sé, lo sé, esto que voy a decir está fatal, pero me invadió una gran carcajada interna e incluso una malévola sonrisita afloró en mi cara 😉

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Un comentario en “Nuestro viaje en avión #Stopniñofobia

  1. Nos estamos deshumanizando. Hace años este comportamiento era impensable. Te podía molestar más o menos el llanto de un niño, pero creo que todo el mundo comprendía que la niñez forma parte del ciclo de la vida, y si te tocaba pasar un viaje de 3 horas al lado de un bebé llorón, simplemente aguantabas porque era algo normal, algo natural como la vida misma y que además, no te tienes que llevar al bebé a tu casa, tan sólo aguantar unas cuantas horas y no vas a morir por ello. En los últimos años, se está produciendo una corriente niñofóbica, donde las mujeres ya no quieren ser madres (ojo, me parece estupendo) y sustituyen a los niños por animales. El amor hacia los animales se vuelve cada vez más grande (el falso amor, claro, ya que los quieren pero se quieren más a ellos mismos,y eso no es amor) mientras que el amor, ya no hacía los niños, sino hacia el ser humano, va desapareciendo. Hasta el punto en que sólo padecemos cuando vemos el maltrato animal, pero ya no sentimos nada al ver a una persona pasando hambre o siendo asesinada en las guerras.
    Triste, pero así es. Saludos.

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