Cómo integramos a los niños en la vida actual

niñoAyer estuve de compras en una conocida tienda sueca con mi peque y mi hermana. No tengo intención de hacer publicidad del sitio, pero allí tuve una reflexión sobre algo que nos afecta a los padres y a los niños. Y es que, aparte de que lo que viésemos en la tienda nos gustase o no, el paseo fue fundamentalmente agradable y FACIL. Y lo pongo en mayúsculas porque cuando vas con un niño de menos de…digamos 7 años, a menudo no es fácil hacer muchas cosas que en sí no tienen mucha complicación, simplemente no hay mucha gente consciente de que en el mundo hay niños y no te facilitan actividades muy cotidianas.

Bueno, pues voy a empezar por el principio para que entendáis cuál fue mi reflexión. Cuando llegamos al sitio encontramos varios tipos de carros todos con asiento para niños, así que pude subir a mi peque en uno y así no tener que llevar carrito ni a ella llevarla arrastrando por el pasillo porque se cansa o se aburre. Cuando tuve necesidad de cambiarla, encontré cambiador de niños además de un baño adaptado para ellos. Teníamos muchas cosas que mirar así que echamos allí buena parte del día, y cuando llegó la hora de su comida pude calentar la que llevaba de casa en un pequeño espacio del restaurante en el que había microondas además de platos de colores, vasos y servilletas. Justo al lado encontré las tronas y pudimos dar la comida a la peque tan a gusto. Continuamos el paseo y cuando nos tocó comer a “las mayores” pude ver que además del menú para los adultos había menú infantil, potitos y más alimentos pensados para los más pequeños. Nos sentamos en una mesa al lado de la “zona de niños”, un área habilitada para ellos con juguetes y juegos, y comimos tan a gusto mientras la peque se lo pasaba pipa con otros niños jugando a las “cocinitas”. En definitiva, los adultos pudimos hacer lo que íbamos a hacer y la peque además no solo no se aburrió sino que se lo pasó tan bien, y para mí la verdad que fue mucho más fácil que en otras ocasiones.

Fui entonces consciente de la cantidad de veces que hemos entrado en un restaurante y nos han recibido con un resoplido al ver el carrito de la niña, de las veces que he visto malas caras en el transporte público o incluso en el supermercado si la peque hace un poco de ruido o habla un poco alto. Incluso cuando este verano cogimos un avión para irnos de vacaciones la chica del asiento de al lado pidió que la cambiaran de sitio nada más vernos con la niña. Y, por supuesto, he oído muchas veces que es que hay sitios a los que no se puede ir con niños, pero esos sitios son restaurantes o lugares de viaje… no están hablando de no llevarles a un cabaret.

Vamos, que parece que a menudo los niños molestan. Pero como digo no es que molesten en la biblioteca, sino en lugares muy cotidianos. Y me pregunto si los demás no tendrán o habrán tenido niños, y por qué hay tan poca empatía con este asunto. Va a sonar a tópico, pero ellos son el futuro y son nuestra responsabilidad como sociedad. Además, si un restaurante, por poner un ejemplo, le da unos lápices al niño que va con sus padres, no solo está ganando esos clientes sino que ese niño molestará mucho menos al resto.

ikeaEl caso es que esto no es así en todas partes, como pude ver ayer en esta conocida tienda sueca, como pude ver cuando viajé a Noruega hace unos años, o como te cuenta mucha gente que viaja o vive en países del norte de Europa. En estos lugares, se asume con mayor naturalidad que los niños también forman parte del mundo. Por eso, es muy habitual que se piense en ellos en las cafeterías, en los comercios o en los medios de transporte. Se asume que también va a haber niños y en lugar de dejarlos de lado se les integra, facilitando mucho las cosas además a los padres.

Afortunadamente las cosas poquito a poco van cambiando y cada vez hay más restaurantes con tronas, más sitios en los que unos padres pueden tomarse un café mientras su peque se entretiene con unos lápices que le han regalado, o mientras juguetea en una mesa con sillitas a su medida, más baños adaptados a los peques, más cambiadores y más autobuses con asiento para niños.

Pero aún queda mucho camino, hoy sin ir más lejos, en el supermercado hemos tenido que luchar literalmente por uno de los pocos carritos que había con asiento para niños. Y los que no lo han experimentado no se imaginan qué gran diferencia hay entre hacer la compra con un angelito que va sentado en el carro y hacerla con un bichejo colmado de curiosidad en un sitio lleno de cosas nuevas para él.

 

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